Una forma astuta de encontrar los problemas de raíz

Me gusta mucho esta idea de Marian Mills, del Reino Unido. Se basa en la idea de que frecuentemente proyectamos nuestros propios asuntos en los demás, por lo tanto les vemos a ellos como el problema en lugar de a nosotros mismos. Lee este artículo con atención; puede significar la diferencia entre obtener logros o fracasos con algunos clientes.
Por Marian Mills

EFT funciona verdaderamente bien cuando logramos ser muy específicos, tal como se demuestra una y otra vez en los casos que se presentan en los DVD de Gary y en el Boletín de EFT. Por otro lado, hay veces en las que parece que los asuntos no tengan ninguna causa específica, o en las que hemos hecho tapping en todos los sucesos o recuerdos específicos que surgen, pero el problema persiste.

En este tipo de asuntos a menudo encuentro que la creencia o característica que la persona intenta cambiar se ha adquirido de alguien, normalmente los padres. Puede que esto explique por qué no emergen recuerdos de sucesos cuando se aplica EFT. Comenzamos con una frase preparatoria normal:

Aunque siento la necesidad de ser perfecto… A mitad de los puntos de tapping cambio la frase recordatoria de ‘Necesito ser perfecto’ a ‘Mamá necesita ser perfecta’ (o de quien quiera que parezca que se aprendió el comportamiento). He descubierto muchos asuntos emocionales profundos de esta forma; a veces le sorprende al cliente porque nunca había considerado siquiera que el problema no viniese de él.

Las teorías de psicología infantil dicen que los niños hasta los 7 años se creen el centro del universo; creen que son responsables por todo lo que sucede a su alrededor. Sólo más adelante aprenden que los demás actúan independientemente de ellos; que mamá esté de mal humor un día puede que sea porque tuvo un mal día en el trabajo y no por el niño. Los estados emocionales se pueden absorber cuando aún están en útero, y también hay varios casos documentados en los que el asunto de raíz se tomó de este modo. Al otro extremo está cuando atribuimos nuestras propias características a los demás.

Este enfoque usa el método de observar a la gente que nos irrita, disgusta o que puede que envidiemos. Lo llamo el “síndrome del dedo que apunta”, en que estamos tan ocupados en ver lo que hacen los demás que pasamos por alto nuestro comportamiento y emociones. He tenido clientes que entran en la sala y se pasan los primeros minutos hablando acaloradamente sobre lo que alguien les ha dicho o hecho. El simple hecho de que el comportamiento de la otra persona ha encendido esta fuerte reacción emocional indica que hay algo en el cliente que está causando una alteración. Así que comenzamos a hacer tapping con el listado de lo que le molesta al cliente sobre la otra persona:

Aunque él es totalmente tozudo…

Hacia la mitad de la segunda secuencia de tapping con la frase recordatoria: “el es tan tozudo”, introduzco: “yo soy tan tozudo”. Esto inevitablemente para al cliente en seco, en cuanto se da cuenta del aspecto de sí mismo que había negado anteriormente.

Cuando usaba esta técnica con un cliente, cambié la frase de “él es tan arrogante” a “yo soy tan arrogante”. Ella se irguió en la silla de golpe, me miró a los ojos con furia y dijo: “Lo soy, pero nadie lo sabe”; después se echó a llorar. Se había sentido tan ofendida porque la otra persona fue capaz de ser arrogante (o lo que más tarde percibió como asertividad), mientras que ella había rechazado ese comportamiento en sí misma. Había estado funcionando todo el tiempo bajo la fuerte convicción de que hacer que los demás fuesen felices era la primera prioridad en la vida, y para ello se había negado sus propias necesidades. La capacidad de la otra persona para expresar sus propias necesidades, al parecer a expensas de la felicidad de los demás, la irritaba más allá de lo creíble.

Cuando sacamos esto del cajón, por decirlo de alguna forma, fue capaz de reconocer que hacer que los demás fuesen felices ya no le convenía y la creencia se desmoronó rápidamente. Ya antes habíamos abordado esa creencia central en varias ocasiones pero hubo muy poco cambio; sin embargo, de repente se volvió algo que ya no tenía validez para ella.

Marian Mills

Traducido por Ana Saval-Badía Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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