Reflexiones sobre seguir lo que dice nuestra intuición de EFT con los clientes

Hola a todos / todas,

Mi opinión de mucho tiempo ha sido que TODOS tenemos una excelente intuición. La diferencia entre aquellos que parecen tenerla y los que no parecen tenerla, se reduce a una cuestión de confiar en la intuición que uno recibe. Cacina Spaeth de Alemania hace hincapié en este punto con un ejemplo de la vida real. A medida que tropieza dentro de su propia intuición dice: “El asunto es que eso de no tener al menos una corazonada de hacia dónde ir con un cliente es algo que casi nunca me pasa ya. Por lo tanto, esta experiencia con Juan fue realmente extraña, y algo desconcertante para mí”.
Por Cacina Spaeth

Desde que comencé a trabajar con EFT hace unos años, “valentía” parece haberse convertido en mi segundo nombre. El confiar y actuar atendiendo a mi intuición es la razón para ello. Este artículo es un ejemplo de cuán significativo puede ser confiar en nuestra intuición durante todo el camino.

Hace algún tiempo un joven (Juan) vino a verme a causa de sus problemas de relación con las mujeres. Él está en sus primeros treinta y parece estarle yendo bien en su vida profesional, pero no tan bien cuando se trata de relaciones. Al comienzo de nuestra sesión me dijo que sí, que tiene relaciones que comienzan y terminan. Pero las mujeres que realmente lo enamorarían ni siquiera parece que lo notan. Y las mujeres que puede tener, no las encuentra particularmente interesantes. Ellas son “agradables”, y él ha tenido relaciones (de hasta 4 años) con algunas de estas mujeres “agradables”. Pero Juan simplemente no podía encontrar dentro de sí mismo la capacidad de amar de verdad, ni siquiera a una de ellas. Y esta es la razón por la que vino a verme. Él quiere amar, no quiere otra más de estas relaciones “tibias”. No sólo quiere ser amado, sino que también quiere sentir genuinamente amor por alguien.

Mientras escuchaba su historia recibí todo tipo de ideas de hacia dónde ir con Juan en el tapping. Más aún cuando Juan, además, mencionó que cuando era un adolescente se enamoró de una chica a la que verdaderamente adoraba. Según él, todo empezó muy prometedor, y en realidad estuvieron juntos durante algún tiempo hasta que ella lo dejó “de la nada”.

Algo en la forma en que habíamos hablado de todo esto eventualmente me hizo sentir lo suficientemente lista para comenzar a hacer tapping con él. Sin embargo, incluso después de haber pasado la mayor parte de nuestro tiempo haciendo EFT, me parecía que nada de lo que habíamos hecho tenía la sensación de ser correcto. Y mientras que Juan parecía estar bastante satisfecho con su primera sesión de haber “intentado algo tan extraño”, yo quedé con una sensación vaga pero suficientemente clara de que no habíamos en lo absoluto dado en el clavo. El asunto es que eso de no tener al menos una corazonada de hacia dónde ir con un cliente es algo que casi nunca me pasa ya. Por lo tanto, esta experiencia con Juan fue realmente extraña, y algo desconcertante para mí.

Cuando llegó a su segunda cita una semana más tarde me sentía confiada de nuevo. Tal vez yo había tenido un mal día la última vez. Y hoy seguramente sería distinto... Pero no, después de haber hablado con él un poco, mi base de datos mental sacó a relucir todo tipo de sugerencias buenas e interesantes de hacia dónde ir con nuestro tapping. Pero yo simplemente no podía sentirlo. ¡No sentía nada de ello! No podía sentir al hombre. Y eso me comenzó a agitar, realmente me revolvió por dentro. Y así, mientras hacía otra ronda mediocre de tapping con Juan, en la que me sentía “intuitivamente ciega”, me di cuenta de que un viejo y demasiado familiar programa mío elevaba su fea cabeza. “¿Qué tal si simplemente no soy lo suficientemente buena?” Ouch...

Pero Juan estaba ahí, sentado delante de mí, mientras yo estaba revoloteando al borde de mi “abismo de no soy lo suficientemente buena”. Entonces, ¿qué se podía hacer?

Le puse fin a mi insatisfactoria ronda de tapping con Juan, y me quedé en silencio. Simplemente lo miré. ¡Sencillamente necesitaba sentir qué estaba pasando! Y entonces ocurrió algo peculiar. Observé cómo el enfoque dentro de mí cambiaba. Se movió de “¿Qué hay de malo en mí?” a “¿Qué está pasando aquí?”. Y sin que yo hiciera nada consciente me sentí de repente inundada de recuerdos de las sesiones bellas y poderosas que he hecho en los últimos años. De alguna manera me “acordé” de que por lo general mi intuición funciona bien, que normalmente puedo confiar en lo que siento. Con Juan ahí, no sentía... nada. Entonces, comencé a preguntarme, “¿Qué tal si el hecho de que yo no siento nada no significa que yo no sea lo suficientemente buena? ¿Qué tal si no siento nada porque... no hay nada que sentir?”

Tratar de describir ese momento ahora me ha tomado mucho más tiempo que el respiro de discernimiento tan preciado que entró a mí cuando estaba con Juan. Pero - como muchos de ustedes reconocerán a partir de sus propias experiencias - ya era hora de la “parte valiente”. Y opté por correr el riesgo.

Simplemente puse mis cartas sobre la mesa y le dije a Juan la verdad: “Juan, no sé qué hacer contigo. Por lo general tengo una muy buena intuición, y siento todo tipo de cosas acerca de dónde ir con mis clientes. Pero contigo. Lo siento, Juan, pero no siento nada... te estoy escuchando, escucho lo que dices, y todo tiene un sentido perfecto. Te creo. Pero no te puedo sentir ni un poco. ¿Eso tiene algún sentido para ti? ¿Algún sentido aun si es mínimo? ¿O estoy totalmente perdida?

Así que ahí estaba. Ya lo había dicho. Y no podía echarlo para atrás. Pero ¡vaya!.... ¡y ahí estaba Juan! Sus ojos se iluminaron, y lo sentí a él por primera vez cuando algo desconcertado me sonrió y me dijo: “Eso es raro... Es exactamente lo que he oído de todas las novias que he tenido. ¡Y es exactamente cómo me siento! Se siente como si yo estuviera sentado en una especie de caja de cristal. Estoy allí simplemente, totalmente sellado. Puedo ver todo, puedo observar el mundo afuera. Pero no puedo sentirlo, tocarlo, olerlo... Nada entra y nada sale...”

Suspiro... (sonrisa) No pueden imaginar el alivio que sentí en ese momento.

Lo que yo había percibido (debido al acondicionamiento negativo) como mi problema no era mi problema para nada. En realidad resultó ser una raíz del problema de Juan. Y gracias a ese momento él había encontrado su propia metáfora de cómo es vivir su vida dentro de una caja de cristal, no había nada “incorrecto” ya con mi intuición, y nuestro verdadero trabajo en conjunto comenzó a desarrollarse.

Seguir lo que nos dice nuestra intuición siempre vale la pena. Todo lo que se necesita es genuinamente escuchar lo que realmente dice, confiar en ella, y actuar con base en ella... aun si a veces se siente arriesgado hacerlo.

Espero que esto sea útil para muchos.

Amor,
Cacina Spaeth (Munich, Alemania)

Traducido por María del Pilar Castillero - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - Ir a su sitio Web

InEnglish.gif