Demuestra a tus alumnos el poder de EFT

En este artículo Patricia Rómer no da una detallada descripción de cómo podemos demostrar la efectividad de EFT en corto tiempo.
Por Patricia Rómer

Hola David,

Cuando entrenamos a nuestros alumnos para ser practicantes o terapeutas de EFT, hay dos demostraciones que les encantan y siempre dan excelentes resultados. Una de ellas es la prueba del cuello y la otra la de los antojos para ciertos alimentos. En concreto la demostración siempre la hacemos con chocolate.

La prueba del cuello

Este ejercicio es ideal para conferencias dirigidas a personas que todavía no han escuchado hablar de EFT y necesitan una prueba de su funcionamiento, rápida y sin más explicaciones.

Haz que tus alumnos o asistentes testen hasta donde pueden girar lateralmente el cuello. Para eso es importante que localicen un punto de referencia en la pared. Pídeles que giren el cuello a derecha o izquierda, es indiferente, para ver hasta dónde llegan.

Dirígeles tú en una o dos rondas cortas con el siguiente enunciado:
“Aunque mi cuello no puede girar más, me acepto completa y profundamente”.

Pídeles que vuelvan a autoevaluarse, que giren el cuello hasta donde consigan llegar.

¡Los resultados son espectaculares! Al menos en el 80 por ciento de los casos todos los asistentes sienten una mayor flexibilidad y consiguen girar unos centímetros más el cuello. Así que para “captar” alumnos, siempre acabamos diciéndoles: Si EFT consigue esto con una sola ronda, imagínate con muchas más.

Antojos de chocolate

Esta segunda prueba es adecuada para talleres más largos o bien dedicados específicamente a problemas de alimentación, adicciones, sobrepeso, etc.

Adquiere una caja de bombones de chocolate de marca conocida, preferentemente que vengan envueltos. Entrega uno a cada uno de tus alumnos. Pídeles que lo desenvuelvan, lo miren, lo huelan e incluso que muerdan un poquito.

Con esto lo que estás haciendo es inducir la tentación. Que cada uno evalúe su nivel de deseo de tomar ese chocolate. La mayoría suelen estar rondando el ocho.

Comienza una ronda de tapping con una frase genérica.
“Aunque me muero de ganas por comerme este bombón, me acepto completa y profundamente.”
Utilizamos la ronda corta generalmente.

Vuelve a evaluar. Por lo general su deseo habrá bajado en la escala de cero a diez, entre dos y tres puntos en nivel de ansiedad.

Nueva ronda
“Aunque todavía me apetece comerme este chocolate, me acepto completa y profundamente.”

Nueva evaluación: en mis talleres con dos o tres rondas los niveles de deseo por el bombón suelen estar a cero, hay quien incluso asegura que le repugnaría comerlo en ese momento. Otros aseguran que sienten pesadez de estómago.

Emociones asociadas

Hay casos en que no baja nada o casi nada el SUD. ¿Qué hacemos entonces? Abordar asuntos ocultos, relaciones emocionales entre la persona y el chocolate.

Os voy a contar un caso concreto para que veáis cómo funciona.

Mi alumno Carlos (no es su nombre real) no conseguía que su ansiedad por comer ese chocolate bajase, “incluso con papel me lo comería”, aseguraba. Relató que casi a diario después de cenar sufría mucho por controlar sus ganas de chocolate. No lo compraba, y cuando esa ansiedad se hacía insoportable tomaba mermelada a puñados o cualquier otra cosa dulce. Sabía que no era hambre y se lamentaba porque deseaba adelgazar y con esa compulsión no había manera.

Le pregunté qué relación había con el chocolate y su niñez. Aseguró que ninguna porque no había esos “manjares” cuando él era niño. No pasó necesidades en su infancia y no recordaba que le premiasen con chocolate.

No había nada, ningún incidente. Pero de repente recordó que cuando tuvo que hacer el servicio militar, que ahora en España está abolido pero antes era obligatorio para todo varón mayor de 18 años, tuvo que estar dos años en un cuartel a pocos kilómetros de su casa y que siempre pedía a su familia y amigos que cuando le visitasen le llevasen chocolate.

Se llevaba bien con sus compañeros soldados, no lo pasó mal, pero recuerda la sensación de perder el tiempo que tenía y las noches viendo las luces de su gran ciudad a 10 kilómetros y él encerrado en aquella “jaula” sin poder hacer lo que quería. Su único consuelo era el chocolate que le llevaban.

Hicimos rondas con esa sensación de encierro, con la impotencia por no poder hacer lo que quería, con el chocolate como único consuelo, la asociación entre la alegría de la visita y el regalo del chocolate, con el deber de obediencia de los soldados…

Hicimos rondas con la libertad de la que ahora disfrutaba, con la obviedad de que ya no necesitaba comer para sentir consuelo, con la posibilidad de que ahora podía elegir comer o no comer el chocolate, con la capacidad de comprar chocolate cuando él quisiera porque ya no estaba en el cuartel.

En total fueron seis rondas con todas estas variantes. Carlos acabó diciendo que le daba un asco profundo ese bombón. Tres semanas después seguía sin ansiedad por la noche por tomar chocolate.


Patricia Rómer es periodista, experta en EFT, ThetaHealing y coaching
Contacta con ella en www.liberacionemocional.com