Vera Malbaski nos relata un encuentro encantador con un niño muy enfadado que quería seguir enfadado hasta hacerse mayor. Ponerse a su nivel y contarle que tiene dedos mágicos, hace que la magia de EFT pueda ocurrir.Escribir a Vera y visitar el sitio web de Vera.

Por Vera Malbaski

Os tengo que contar lo que me pasó esta mañana con un encanto de niño de unos 4-5 años. (Aunque es demasiado joven para pedir consentimiento para usar su nombre, lo he cambiado de todas maneras por si cuando se hace mayor le molesta.)

Estaba yo tranquilamente trabajando en mi ordenador cuando oi gritar a un niño como si lo estuviesen matando. Vivo en un edificio de apartamentos que tiene un jardín abajo y los balcones tienen vistas al jardin. Me asomé – así como lo habían hecho varios vecinos – y vi un niño pequeño sentado en el suelo chillando con una rabia más grande que él. Otros vecinos o no le hacían caso, o le decían “¡Qué manera de chillar es esa!” y su familia también le estaba echando la bronca para que no hiciese tanto ruido. En cuanto más le decían, más chillaba.

Cogí mis llaves y me bajé para hablar con él. Me acerqué a él y le pregunté si podía sentarme con él. Con el ceño fruncido y cara de muy mal humor asintió brevemente con la cabeza y me senté en el suelo con las piernas estiradas en la misma postura que él (gracias Ann Adams). No es una postura muy digna para una abuela, pero ¿qué se le va a hacer?

Le dije que tenía cara de estar muy enfadado y le pregunté si de hecho lo estaba. Con la cabeza baja, me miró desde debajo de su ceño fruncido y asintió con la cabeza. Le dije que yo sabía una manera de quitarse el enfado y si quería que se lo enseñara. Sin demasiado entusiasmo, de nuevo asintió. Por lo menos me abrió la puerta un poquito. Entonces le dije que él tenía dedos mágicos y puntos en el cuerpo que si los tocaba con sus dedos mágicos, el enfado se iría. ¡Ahora sí que capté su atención! Levantó la cabeza y abriendo los ojos de par en par, se miró las puntas de los dedos. Le pregunté si quería que le enseñara dónde estaban los puntos y me dijo que sí.

Le dije; “Toca aquí, y aquí…” mientras iba yo tocando los puntos básicos (CE, LO, BO, BN, BL, CL, CO) y él me imitó tocando los suyos. Entonces abriendo los brazos, le dije “si esto es muy enfadado,” y juntando las manos, “y esto no es nada enfadado, ¿cómo estás de enfadado?” Abrió los brazos del todo. Le pregunté por qué estaba enfadado. Me contó lo que le había pasado con otro niño, más mayor que él, que estaba por ahí cerquita. Le pregunté si quería hacer lo mismo que yo para que se le fuera el enfado, y empecé a hacer tapping en el PK. Me contestó que no y le pregunté si quería seguir estando enfadado. Dijo que sí. Le dije que me parecía muy bien, que tenía todo el derecho de estar enfadado todo el tiempo que quisiera y le pregunté hasta cuándo quería seguir enfadado. “¡Hasta que sea mayor!” dijo apasionado. Me resultó muy difícil no echarme a reír pero de alguna manera lo conseguí.

“Eso es mucho tiempo para estar enfadado,” le dije. “Imagina cuántos años de jugar perderás si estás enfadado todo ese tiempo. Aunque no quieras hacer esto conmigo, ¿te importa si lo hago yo en mí para ti?” Encogió los hombros como diciendo, “bueno, vale” y empecé a hacer tapping en el PK una vez y luego por todos los puntos diciendo lo siguiente:

“Aunque Carlos está muy enfadado, es un chico muy guapo.”

“Aunque quiere seguir enfadado hasta que se haga mayor, es un niño estupendo y muy guapo.”

“Aunque está enfadado es muy buen chico.”

“Aunque Carlos quiere seguir enfadado, tiene todo el derecho de hacerlo y es muy buen chico de todas maneras.” (Aquí ya empezaba a reírse)

“Qué chico tan bueno.”

“Carlos es un niño maravilloso.”

“Y seguro que es muy buen amigo de sus amigos,” etc.

Cuando terminé, Carlos había levantado la cabeza, ya no tenía el ceño fruncido y estaba sonriendo con cara de ángel encantador. Le pedí que me enseñara de nuevo con los brazos cómo estaba de enfadado. Enseguida juntó las manos enseñándome que ya no estaba enfadado y se levantó para irse a jugar con el niño que le había hecho coger tan enorme enfado hacía tan solo 3 o 4 minutos.

Me levanté y me despedí de él y fue entonces cuando me di cuenta que todo había transcurrido con algunos de mis vecinos mirándonos desde los balcones. No sé lo que pensarían, pero no importa tampoco. Por mi parte, no se me ha borrado la sonrisa de la cara en todo el día. Hacer EFT con niños es un verdadero placer. ¡Qué privilegio poder hacer esto!

Un saludo cariñoso a todos

Vera Malbaski