Este ingenioso uso de EFT por Gretchen Gardner convierte a una niña enfadada y manipuladora en una tranquila y obediente.

Por Gretchen Gardner

Fui a recoger mi nieta de 5 años al colegio. Según íbamos en el coche, le dije que íbamos a ver a la Dra. Pam (no le gusta la Dra. Pam y le tiene miedo). Dijo con una voz muy compungida «no quiero ir a la Dra. Pam. Me duele la cabeza y lo va a empeorar».

No hablé de por qué íbamos porque ella ya lo sabía, y probablemente habría tratado de convencerme de no ir. Ni tampoco mencioné la palabra «dolor de cabeza» porque probablemente habría intentado convencerme de que le dolía de verdad y manipularme. En vez de eso, sugerí simplemente que hacer tapping quizás la haría sentirse mejor. Aceptó hacerlo y decidí usar la serie corta y sugerí que empezáramos con el punto P.K. Yo, en el asiento del conductor, y ella, en el asiento de atrás, empezamos a hacer tapping usando las frases siguientes, alternándolas,

«No quiero ir a la Dra. Pam, y soy una niña maravillosa».

«No quiero ir a la Dra. Pam, y puedo seguir sintiéndome bien».

En seguida dijo, «No estoy haciendo tapping en el punto. Le estoy dando golpes a esta mano y esta mano eres tú». Le dije que lo entendía y que estaba bien, y seguí con el tapping en mí misma diciendo las frases. Luego la mano se convirtió en su madre que había concertado la cita con la Dra. Pam. Lo acepté y seguí usando tapping con las frases.

Antes de que yo terminara todos los puntos (en sustitución), ella había dejado de golpearse la mano y dijo que había acabado. Dije simplemente, «Bueno, está bien,» y dejé de hacer tapping según llegábamos al aparcamiento de la Dra. Pam.

Como transición a la sesión, empecé a hablar con ella de un cartel grande que había en el aparcamiento y en el edificio al que íbamos a entrar. No dijo nada de no querer entrar ni del dolor de cabeza. Entramos, apretó el botón del ascensor, y entró conmigo, contenta, a la sala de espera.

Lo que me gustó de esta sesión de EFT fue que pude evitar todas las trampas posibles de caer en una situación sin salida con una niña enfadada. No utilicé las palabras «enfadada» ni «enojada» adrede. Usé todo el tiempo sus palabras «no quiero ir a la Dra. Pam». Ni nombré ni desmentí el dolor de cabeza. Me imaginé que la frase «puedo seguir sintiéndome bien» abarcaría eso y cubriría otros terrenos también. Le permití que se golpeara la mano en vez de hacer tapping en los puntos. Y, una vez más, todo salió de manera sorprendente. El proceso y los resultados nunca dejan de asombrarme.

Atentamente,

Gretchen Gardner

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Traducido por EZ