Genevieve Bally, de France, nos ofrece un enfoque profesional con EFT sobre cómo eliminar las causas subyacentes a los tics que padece un chico de 16 años.

Por Genevieve Bally

Un joven de 16 años vino a mi consulta con motivo de un tic desagradable que le molestaba a él y a la gente que le rodeaba. Su tic era la costumbre de dar chasquidos con la lengua en el paladar, como si estuviese sorbiendo ruidosamente, que repetía cada dos o tres segundos.

Primero trabajamos en las sensaciones que le obligaban a hacer tal ruido. Me comentó que sentía la garganta estrecha, como si le faltase aire y se tuviese que reanimar haciendo ese ruido. Hicimos tapping.

Aunque hago este ruido cuando siento que me falta aire en la garganta… Su nivel de intensidad pasó de 10 a 8 en una escala de 0 a 10, y con otra secuencia, de 4 a 2.

Entonces nos quedamos estancados. Le pregunté si recordaba la primera vez que tuvo el tic, y me dijo que fue mientras se comía un kiwi. Le pregunté si recordaba estar haciendo algo más al mismo tiempo, o sólo comiéndose un kiwi, y me dijo que estaba haciendo sus deberes de matemáticas al mismo tiempo. Me explicó que desde entonces no se puede concentrar en las matemáticas por culpa del tic.

Le pregunté en qué estaba pensando aquel día mientras hacía sus matemáticas y me dijo: “que hacía buen tiempo fuera y que preferiría estar fuera”. Así pues, hicimos tapping.

Aunque preferiría estar fuera que haciendo mis matemáticas con este buen tiempo…

El tic se volvió menos frecuente, y para cuando se marchó no había chasqueado en 20 minutos. Le di cita para 15 días después ya que también tenía otro tic que tratar: parpadeaba constante y compulsivamente.

La madre de este joven, que me lo trajo, notó el cambió en cuanto vino a recogerlo y me pidió cita para un problema que le preocupaba. Ella vino a la semana siguiente y lo primero que dijo fue: “Increíble; ¡ya no tiene ese tic!».

Se podría creer que con la pregunta del kiwi ya bastaba, pero él no come kiwis todo el día, y el tic era muy repetitivo; es por eso que prefiero seguir preguntando un poco más.

Él me confirmó los resultados dos semanas después, en su segunda cita, cuando me dijo que, después de salir de la consulta su tic se hizo cada vez menos frecuente a lo largo de esa noche, y a la mañana siguiente había desaparecido. Trabajamos en su segundo tic. Se remontaba a la escuela primaria y a un profesor insensible (¡ay, los profesores!). Esa encantadora señora, cuyo nombre él recordaba perfectamente, le dijo un día: “¡Nunca serás nada en la vida!”

Esta frase surge muy a menudo cuando un adulto se da cuenta que no tiene ningún poder sobre un niño. Hicimos tapping:

Aunque la Sra. S. me dijo que nunca sería nada en la vida… Entonces trabajamos en la rabia que sentía en relación a la persona que se permitió juzgarlo aún cuando él no tenía ni 10 años.

Luego trabajamos en la incomodidad que le producía sentirse “observado por los demás». Desde el comentario de su profesora no podía soportar que le mirasen. Juntos construimos la siguiente frase:

Aunque me hace dudar de mí mismo que otra gente me mire, elijo permanecer en calma y seguro de mí mismo. Anteriormente pestañeaba unas 20 veces por minuto porque sentía sus ojos tensos.

Aunque pestañeo para relajar los ojos cuando están tensos…

Aunque pestañeo cuando estoy ocioso y estresado… (ocioso y estresado, porque nunca pestañea cuando ve la televisión).

En cuanto hicimos esta secuencia me dijo: “¡Se fue! ¡Me parece tan raro! ¡Es como la otra vez con los chasquidos!” ¡Él tenía la sensación de que había desaparecido y que nunca se le volvería a presentar!

Genevieve Bally

Traducido por Ana Saval-Badía – Escribir a Ana

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