Mi amigo quería un barco más que nada. Su esposa siempre se negaba, pero él se lo compró de todas maneras.

“Te propongo algo”, dijo a su esposa. “En buena onda ¿porqué no le das un nombre al barco?” Complaciéndole, ella aceptó.

Cuando el esposo fue al muelle para el viaje inaugural, el nombre que vio pintado sobre su costado era: “En Venta”.

Autor anónimo

Traducido por Naomi Brickman