Lee este artículo con máxima atención si quieres aprender a recuperar la pasión y el interés por algo que ya pasó en tu vida y también para detalles de cómo hacer una sesión a través de video conferencia.

Por Ana M. Ollé Borque,  de República Dominicana

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En el año 2014 tuve la oportunidad de reencontrarme con una amiga muy querida con la que me une una amistad de más de 36 años. La distancia ha hecho que no nos podamos ver tanto como desearíamos. En ese año ella vino a visitarme a la Republica Dominicana, mi país de residencia.

Allí le hablé del EFT y ella en seguida se entusiasmó. Así que practicamos la técnica con el fin de que la pudiera aprender. Desde entonces, muy autodidacta, se la ha ido aplicando y así talando árboles negativos de su bosque emocional.

Al final de diciembre del año 2015, ella me pidió si, mediante video conferencia, podíamos hacer una sesión de EFT para trabajar un tema que ella consideraba un “árbol grande y pesado” pendiente de cortar. Se trataba del desánimo y apatía por tocar la guitarra y cantar habiendo sido su gusto y placer desde los 12 años. Me contó que, siendo joven, alrededor de los 22 años, una persona a la que ella quiere mucho y es referente en su vida, le hizo un comentario bastante negativo y nefasto sobre su manera de tocar la guitarra. Ella lo vivió con un profundo e intenso dolor, incluso ofensivo. Tal fue así que se prometió a sí misma no volver a tocar la guitarra. Y así fue, su compromiso con el crítico interno que llevamos dentro lo hizo realidad y llevaba más de 30 años sin ningún deleite por tocar la guitarra, y casi imposibilitada para hacerlo.

Me contó que al cabo de un tiempo de ese pacto interior se le rompió la guitarra. Años más tarde una persona -con el interés de animarla a tocar como antes- le regaló una nueva.  Y así, por un tiempo, trató de tocarla cuando alguien se lo pedía pero lo hacía sin goce ni encanto: su cuerpo no vibraba con la música como lo hacía antes. Desde una profunda apatía e inseguridad, lograba con esfuerzo  tocarla como un deber o una obligación, buscando cualquier excusa para no hacerlo.

Este suceso de su vida pasada, de tantísimos años, la tenía apenada, dolida y decepcionada. Ella sabía que la música, el canto, la guitarra formaban parte de su ser y vitalidad, también de su  adolescencia, aunque ahora sólo sentía la música y la guitarra como una amenaza, un obstáculo, algo pesado, desechado, moribundo…  Sentía que había perdido por completo el encanto por la guitarra y su música.

Así pues, iniciamos nuestra sesión por video conferencia.

Fuimos analizando el evento y sus emociones, desde todas las aristas y colores. Hicimos algunas rondas de EFT con el título de su película: «Mi gusto y disgusto por tocar la guitarra».  También abordamos con EFT el intenso dolor y el sentimiento de enojo hacia esa persona que siendo importante para ella,  fruto de su comentario sobre la guitarra, se había enrarecido la relación y sentía rechazo…  Afrontamos otras sentimientos que fueron saliendo y parecían enquistando con el tiempo: baja autoestima, culpa, tristeza…  Posterior a esto, hicimos algunas rondas de perdón y aceptación: ‘me perdono por el daño que he dejado que me hiciera’; ‘lo perdono por su comentario’; ‘lo acepto tal y como es’; ‘me permito quererle como Dios le quiere’.

También trabajamos los recuerdos de infancia que le fueron llegando a su mente, sobre todo los que surgieron con su mamá difunta: ‘A pesar de que ahora no tengo gusto por tocar la guitarra, ella cantaba y tocaba el piano muy bien», «…a ella le gustaba mucho que tocara la guitarra», «…ella fue la que me animó a tomar clases de guitarra en mi adolescencia».

Después de estos recuerdos, abordamos el tema del pacto secreto e interno que ella se había hecho: no volver a tocar la guitarra.  En las rondas, repetimos frases como: ‘Me doy permiso para romper el pacto’, ‘Me libero de él’, ‘Me abro a sentirme bien’, ‘Me permito tocar la guitarra nuevamente, como cuando era joven’, ‘Tengo edad para expresarme  y ser alegre’, ‘Acepto rompo mi pacto y todo está bien’, ‘Merezco disfrutar como antes tocando la guitarra’, ‘Me gusta, me alegra, me lo permito’, ‘Me uno al placer de mi mamá, nos gustaba la guitarra a las dos’, ‘Me expreso tocando, alabo y agradezco con la guitarra y el canto’.

Inmediatamente después de terminar la sesión, me contó que tenía deseos de tomar la guitarra y ponerse a tocar; la animé a hacerlo y me despedí de ella. Días más tarde cuando volvimos a conversar, me expresó que aquella tarde se puso a tocar y cantar una canción alegre, de gratitud y alabanza de forma natural, espontánea y se sintió llena de paz; y que estuvo tocando y cantando de gozo por largo tiempo, incluso había desempolvado sus viejos y roídos cancioneros (tenían más de 30 años). Días después, que compuso una canción.

Esta amiga siguió avanzando en el tema que ella definía como un árbol gigante en su bosque emocional. Notó sus logros cuando llegaron momentos de pruebas que pudo superar con serenidad y gusto… Uno de estos logros fue cuando la invitaron a acompañar con la guitarra, el canto de dos amigas, estando presente la persona autor del comentario que ella sintió y vivió de manera tan dolorosa, hasta el punto de tomar, inconscientemente, la decisión de renunciar a su talento musical. Aquel día para mi amiga fue diferente: logro tocar frente a él y pudo experimentar aquel viejo rechazo como lo que era: un acontecimiento del pasado.

También me contó lo que para ella había sido el milagro más grande sobre este tema. Sucedió el 17 de enero de este año 2016 cuando la invitaron a una iglesia y la persona que iba a animar los cantos, al llegar ella, le preguntó si la podía acompañar con la guitarra en alguna canción.  La celebración iba a iniciar en 10 minutos, y pese a no tener tiempo de ensayar, ella decidió aceptar la propuesta. Mientras estaban en los preparativos, observó que estaba la persona que había hecho el comentario que ella sintió tan desafortunado y desagradable . ¡Allí estaba de nuevo!  Comentó cómo, sin alterarse, afinó y entonó el instrumento con la voz de la cantante; preparó y tocó hasta 6 canciones sintiéndose segura, confiada en sus capacidades y en gran sintonía musical. ¡Todo sin preparación!  Al final ella misma se autodefinió encarnando la frase de San Juan, ‘el amor perfecto expulsa el temor’.

Esta buena amiga logró liberarse de un tema oscuro y enquistado en el bosque de sus recuerdos emocionales. Ahora sin él, se siente feliz pues regresaron sus ánimos y el entusiasmo por tocar la guitarra.  Me siento bien y contenta de constatar que EFT le ayudó a armonizarse, a sentirse en paz, disfrutando de este gran don que tiene y puede regalar a los demás. También me siento agradecida pues diariamente, experimento y soy testigo de los beneficios que nos aporta la práctica asidua de EFT.

Ana M. Ollé Borque, República Dominicana

EFT nivel Avanzado

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