Frank Trupiano comparte con nosotros un uso exitoso de EFT en un amputado. El dolor en los miembros fantasmas ha sido un misterio para las profesiones sanadoras durante mucho tiempo y hace muy poco que estamos encontrando formas de aliviarlo. Creo que encontrarán la experiencia de Frank de interés.

Por Frank Trupiano

Hola Gary:

Continúo utilizando EFT con regularidad en mi práctica de psicoterapia y continúo obteniendo resultados increíbles.

Que yo sepa, nadie ha publicado nada relacionado con el trabajo con amputados, así que pensé en escribirte. La semana pasada trabajé con una señora que se había caído algunos años atrás, lastimándose su brazo izquierdo. El brazo se infectó y tuvieron que amputárselo.

A propósito, esta señora tiene unos antecedentes bastante trágicos. De niña, sufrió de abuso físico severo, por parte de su madre. Esta solía ponerse encima de ella (literalmente) y golpearle la cabeza contra el suelo. A los 18 años, fue amordazada, atada a una cama y violada brutalmente. Aún era virgen en ese momento y hasta ahora nunca ha sido capaz de tener una vida sexual normal.

La vi hace un año, por un intento de suicidio. Utilizando la psicoterapia tradicional (en ese momento no había sido entrenado en EFT), pude ayudarla a resolver un poco su dolor concerniente al abuso pasado, pero nunca logré llegar a la raíz.

Recientemente, sin embargo, intentó suicidarse nuevamente y su médico la volvió a derivar a mi consulta. Básicamente, retomamos el problema donde lo habíamos dejado en nuestras sesiones anteriores, recorriendo el incidente de la violación, el abuso físico por parte de su madre, y la pérdida de su brazo izquierdo y el hecho de que había dejado de sentirse una persona “entera”.

Esta vez, sin embargo, tenía otra técnica de intervención (EFT) con la cual ayudarla. Primero le hice EFT centrándome en su sensación de no estar entera. Después de la primera vuelta, ella verbalizó inmediatamente un completo cambio en su auto-percepción. Mientras que antes de EFT, solo podía pensar en su brazo perdido, después, sólo lograba sonreír y centrarse en el hecho de que «todavía queda mucho más de mí”.

Luego dijo que aún podía sentir sus dedos “moverse” (pero no hay brazo) y que realmente le molestaba, así que hice tapping diciendo «Aunque puedo sentir mis dedos, me acepto completa y profundamente…”. Nuevamente, sonrió y dijo que el dolor fantasma había desaparecido.

No fue nada menos que un milagro. Planeo volver a verla y trabajar más sobre la violación y el pasado abuso físico por parte de su madre.

Grandes abrazos,

Frank Trupiano, BCSW

Traducido por Arya Schellemberg