Nuestras prisiones están llenas de gente que padece de odio a sí misma, y la ira y la violencia doméstica con frecuencia vienen de causas similares. Afortunadamente, EFT puede traer paz a estas cuestiones y Zoe Zimmermann nos muestra cómo. Ella dice: “nunca había visto tal profunda transformación en la personalidad de nadie, ni tan rápida disolución de zonas enteras de trauma.”

Por Zoe Zimmermann

En mis varios años de usar exclusivamente EFT con los clientes, he visto muchas cosas sorprendentes, pero pienso que ésta es la más impresionante y rápida transformación de un paciente que jamás haya experimentado. Recientemente Samuel (no es su nombre verdadero) llegó a mí porque estaba pasando por el último de múltiples y recurrentes episodios de odio extremo a sí mismo, ira con todo y con todos, y pensamientos de alejar a su esposa de muchos años para que ella lo terminara y, entonces, él pudiera matarse.

Tal como se describió a sí mismo, quedaba claro que su visión del mundo y sus acciones eran los típicos de personas quienes han crecido como los parias o excluidos de sus familias: se les dice y se les muestra que están “mal” de alguna manera y que no “pertenecen” a sus familias; lo internalizan y aprenden a odiar a sus familias, a sí mismos y al mundo. Se sienten compelidos a actuar, sea en palabras o en acciones, el hecho de distanciarse de sus familias y de todo grupo del que llegan a formar parte. La suya es una vida horrible, llena de ansiedad y dolor.

Tan pronto como llegó a mi oficina, Samuel empezó a detallar una serie de horribles historias infantiles de abuso físico a manos de su madre y de haber presenciado impotente cómo ella era golpeada, y a veces medio muerta, por una serie de galanes. Él lo vivió como si ella hubiera creído y actuado como si él no valiera nada, y hubiera traído a esos novios golpeadores a propósito, y me contó que era una alcohólica empedernida desde los 17 años. Me dijo despreciarla y odiarla tanto que, cuando su hermana le pidió que asistiera a su funeral, le contestó: “no querrías que fuera, porque escupiría en su tumba.”

También habló de velados intentos de matar a su hermana, de tener fantasías de lo bueno que sería matar al marido de ésta, y de cómo recientemente había destrozado un equipo costoso, sin el cual no podía trabajar, tan sólo porque se enojó con un colega. Me dijo, en tono sarcástico, que el colega “jugaba” a golpearle el brazo y me mostró cómo lo había percibido él en su enojo, cerró el puño y de pronto golpeó con toda su fuerza el brazo de mi sillón, admitiendo a continuación que probablemente su compañero no lo había hecho tan fuerte.

Por último, sentía que – por el bien de su esposa – debía alejarla para que ella lo dejara y él pudiera “volarse los sesos” (dijo que no creía que pudiera realmente hacerlo). Sentía que era demasiado terrible estar con él. Sin embargo, por alguna razón ella había pasado con él 30 años y todavía lo amaba. Sugerí que podía haber algunas cosas buenas en él; me dijo que ella insiste en que él tiene amor en su corazón y que da alegría a las personas, nada de lo cual cree real en este momento. Supe que de alguna forma tenía que ayudarlo a sentir que pertenecía nuevamente. Empezamos con el tapping:

Aunque me siento poco valioso y quiero alejarme de la sociedad, reconozco esto sobre mi persona y me doy cuenta de que mi mujer me ama y siente que con ella pertenezco. (No pudo decir que se aceptaba ni que tenía compasión por él mismo.) Esto aligeró las cosas un poco. No pudo ponerle cifra a su intensidad.

Dijo que su mujer lo ama porque, a decir de ella, él piensa en las otras personas y es generoso. Dice que nunca piensa en sí mismo. Por ejemplo, cuando hizo un trabajo independiente con otras tres personas, dividía el dinero en tres, y le daba a cada cual su parte, sin recordar que él mismo necesitaba dinero. Entonces hicimos tapping en:

Aunque me siento poco valioso y quiero retirarme…

Aunque nunca pienso en mí mismo y me dejo fuera, reconozco esto de mí.

Empezó a llorar muy fuertemente, e hice tapping en él, sugiriendo que sólo estuviera presente en lo que sucedía. Repetí frases similares a las anteriores, y cuando pudo, entre llantos, él también las repitió. Agregué: “quizá no necesito seguir dejándome afuera; quizá puedo pensar en mí mismo.”

Tras un corto tiempo, el llanto se calmó y él se veía mucho menos tenso. Dijo sentirse más ligero, y que esas ideas eran completamente nuevas para él.

Unos cuantos días después, vino por una segunda sesión. Dijo que, desde la primera, se había sentido cada vez más ligero y que, interesantemente, había mejorado también un problema que le había quedado desde un accidente automovilístico un año y medio antes. Se había golpeado en la cabeza con un objeto metálico que salió volando desde el asiento trasero y desde entonces había tenido problemas al enunciar palabras y frases. Notó que desde la última sesión, su cabeza estaba más despejada y sus frases eran más claras. Y cuando su mujer lo llamó un día preguntando cómo estaba, le dijo “me siento bien”. Por lo que podía recordar, nunca se había sentido bien ni le había dicho a nadie que se sentía bien, incluso después de casi 35 años de terapia.

También dijo que entendía que su madre estaba muy enferma y que sentía más que nada, compasión por ella. Esto era notablemente diferente al odio y el disgusto que había expresando en la primera sesión.

En su segunda sesión, trabajamos uno de los más horribles sucesos de su niñez, el que había relatado con gran intensidad negativa durante la primera sesión. Le dimos al evento el nombre de “cinto” (cinturón, fajo) y empezamos con la Técnica del Trauma Sin Lágrimas, con un nivel de intensidad de 10 en la escala 0 a 10.

Aunque tengo este recuerdo del “cinto”…

Después de una o dos rondas, dijo sentir que estaba flotando sobre la experiencia, y que tenía más perspectiva. Estaba viéndola desde arriba, en vez de estar dentro de ella. Dijo creer que la intensidad era ahora más o menos un uno, así que se sumergió en los detalles. Le pedí que expresara las emociones relacionadas con el incidente: dijo estar enojado con su hermana, a un nivel de 10 en la escala 0 a 10.

Aunque estoy muy enojado con mi hermana _____, le mando mi compasión a mi ser de niño.

Aunque estoy enojado con mi hermana _____, me perdono por mi propia participación en este incidente del “cinto”, para poder tener algún alivio y descanso. Perdono a mi hermana por lo que haya podido contribuir en el evento; entiendo que quizá sólo estaba tratando de sobrevivir a su manera.

Después de esto, la intensidad había bajado a un 1 ó 2 de 10. Se dio cuenta de que lo que quedaba de intensidad se debía a que este recuerdo estaba fusionado con los demás recuerdos dolorosos que se habían sucedido cuando vivían en una casa específica.

Aunque todavía tengo algo de este enojo hacia mi hermana, y este recuerdo se fusiona con todos los de esa casa, elijo separar este recuerdo de los demás, y le mando mi compasión y mi amor a mi ser de niño, y me doy permiso de sanar este recuerdo. Esto bajó la ira hacia su hermana a un 0.

Entonces le pregunté sobre la rabia hacia su madre; ya había bajado a un 1 ó 2, sin haberla trabajado directamente.

Entonces comenzamos con las acciones abusivas reales que su madre perpetró en él (no las menciono, para proteger a los lectores de experimentarlas en lugar de Samuel). De nuevo, la intensidad del dolor era de 10 sobre 10.

Aunque recuerdo cuánto dolía y cómo cualquier cosa que yo dijera era ignorada…

Aunque me siento tan impotente porque nada puede pararlo, mando mi compasión a mi yo niño y le dejo saber que lo amo. Me perdono por cualquier cosa que haya hecho para contribuir a este ______ y perdono a mi madre. Estaba enferma y sufría mucho dolor ella misma. Probablemente hacía lo mejor que podía, dada su experiencia de vida y sus antecedentes. Su mejor manera no era buena en absoluto, pero era lo mejor que pudo hacer.

Estuvo completamente de acuerdo en esto. Dijo que las partes pensante y sintiente de él, que habían estado desconectadas, ahora se sentían conectadas. La intensidad era ahora muy baja, 1 ó 2. Se dio cuenta que su madre quizá necesitaba más amor en su vida, y sintió comprensión, compasión y pena por ella; y por sí mismo.

Se puso a pensar que era sorprendente que hubiera llegado tan lejos sin haber lastimado a otros, y que era sólo “desafortunado” haber soportado lo que ella le hizo; dijo que su sentimiento no tenía ya ninguna carga.

Fuimos a otra parte del recuerdo, de las que habían sido muy intensas al ser relatadas en la primera sesión. Se sintió “neutral” al respecto. Entonces le pedí que contara la historia completa en voz alta nuevamente, y en detalle, y permaneció con una intensidad de 0 con respecto a la historia completa. Me dijo que en los muchos años de terapia nada había realmente cambiado para él; y que en dos sesiones, se sentía completamente diferente. También dijo que nunca había podido sentir algo de perdón hacia su madre, y que ciertamente, nunca había expresando ante nadie este perdón hacia ella, pero que ahora lo sentía completamente; se sentía totalmente calmado acerca del incidente, y liberado del dolor.

En la siguiente sesión, trabajamos con otro evento, que ya tenía una intensidad mucho más baja que cuando me lo refirió en la primera sesión. El único sitio en que todavía había un punto reticente era un 10 de intensidad con respecto a sus malos sentimientos para consigo mismo con respecto a su sentimiento de enojo. Después del tapping, fue capaz de aceptar su enojo y distinguir entre el sentir enojo – que es lo que él hace – y actuar con violencia – lo que hacían su madre y sus novios con regularidad. Esta fue la primera vez, dijo, que podía aceptarse a sí mismo y a sus sentimientos de odio e ira sin sentir que podría convertirse en uno de ellos; esto fue un gran alivio para él.

Al inicio de la cuarta sesión, me contó que había sido capaz, desde la última sesión, de frenar los pensamientos negativos cuando querían manifestarse.

Nunca antes había sido capaz de hacerlo; con anterioridad, en cuanto empezaban los pensamientos oscuros, se veía compelido a obsesionarse en ellos por un largo tiempo. Dijo que se había sentido realmente bien desde la última sesión – lo cual era muy inusual para él en el pasado. Le presenté varios incidentes conectados con su madre, de los que me había relatado intensamente en la primera cita. Únicamente uno de ellos tenía una intensidad mayor al 1 ó 2, y era un 3. Trabajamos en un aspecto de este incidente con algo de carga, y bajó a 0 en una ronda.

Tal y como dije antes, esto me sorprende. He trabajado con muchas personas quienes tuvieron varios incidentes traumáticos o dolorosos discretos en su vida, y quienes los resolvieron en una o dos sesiones. Y he trabajado, y seguido trabajando, con personas quienes han tenido años de abuso o de otras experiencias dolorosas, los cuales hemos liberado poquito a poco. Nunca había visto una transformación tal en la personalidad de alguien ni tan rápida disolución de grandes zonas de trauma.

Trabajar con Samuel me llena de inmensa gratitud hacia Gary por su desarrollo de EFT. Diría que, por momentos, raya en lo milagroso.

Zoe

Traducido por Sandra Figueroa Sosa

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