Hola a todo el mundo,

Jann Barry, del oeste de Australia, con mucho humor nos lleva a través de una experiencia de lectura de poesía que la aburrió hasta las lágrimas. Después de horas de aburrimiento, y enfrentándose a más horas de lo mismo, finalmente usó EFT para el aburrimiento. Pueden leer acerca de los resultados en su artículo.

Por Jann Barry

Querido Gary, uno pensaría que siendo una de las más dedicadas defensoras de EFT por más de tres años, enseñándola actualmente con inquebrantable entusiasmo, debería tener una total comprensión de la profundidad y alcance de EFT. Sin embargo, como una simple mortal, algunas veces soy lenta para usarla en mí misma.

La pequeña historia que te adjunto ocurrió hace un tiempo y ahora he mejorado realmente, y honestamente yo hago… tap tap tap

Ciao

Jann Barry

Hace un tiempo fui invitada a llevar un poema y tomar parte de una sesión de lectura de poesía. Actualmente tengo una amplia variedad de intereses, pero la lectura de poesía en voz alta no ocupa un lugar prioritario en esa lista. Sin embargo, viviendo en una comunidad rural uno se acerca a la cultura donde puede encontrarla, así que acepté.

Una amiga que también iba dijo, “Paso a recogerte, porque no tiene sentido ir en dos autos.”

La reunión constaba de ocho o nueve personas y por alguna razón yo fui la elegida para iniciar.

Durante los días previos busqué frenéticamente en mi biblioteca algún poema que representara mis educados gustos literarios (¡ejem!) y finalmente me decidí por un poema corto de Sir John Betjeman que siempre me hace reír, no importa las veces que lo lea, y por “Elogio al Tomate” de Lunig, un amado (por mí) dibujante y poeta australiano. No fue una buena idea.

Cuando terminé este peculiar y ligero ofrecimiento (habiendo tenido mis acostumbradas sonrisas mientras los leía), hubo una breve pausa donde todos sonreían y aseveraban condescendientemente con la cabeza y me di cuenta que había sido etiquetada como peso liviano. Luego arrancaron los demás. Cada persona tomaba turnos para leer de los libros (¡¡¡¿libros?!!!) que habían traído y que estaban generosamente festoneados con marcadores en los poemas que tenían intención de leer.

Después de la primera ronda en la que habíamos transitado por la “Oda a la Melancolía” de Keats, nos movimos a lo que parecían ser interminables selecciones del “Jubilate Agno” de Christopher Smarts, una lectura que sin lugar a dudas hubiera puesto a dormir a Calliope. Yo llegué a la conclusión de que eran un grupo de deprimida gente de campo y también que eran personas que sentían que habían perdido su vocación y que podrían/ deberían haber tenido una carrera en el escenario. Más tarde, buscando información sobre Christopher Smart, de quien nunca había oído hablar anteriormente, aprendí que dichas poesías habían sido escritas durante un período de enfermedad mental y no me sorprende.

Afortunadamente, como yo había traído sólo dos cortos poemas, quedé felizmente fuera del ciclo en las rondas subsiguientes. Me senté ahí, hundiéndome cada vez más profundamente en mi sillón, mirando subrepticiamente mi reloj que parecía moverse lentamente y preguntándome cómo, en nombre del cielo, podía irme sin llamar la atención, cuando recordé que no tenía mi auto.

Habían transcurrido dos largas horas y media cuando súbitamente la anfitriona dice, “Bueno, voy a poner el almuerzo en la mesa” ¿¿¿Almuerzo???” ¡Qué dolor! Todavía no me veo libre para irme.

Finalmente todos nos movimos hasta la mesa, mientras rezaba para que, tal vez ahora, tengamos alguna conversación entretenida, pero no, aún mientras comíamos alguien recitaba o leía algo.

Estoy sentada al final de la mesa, alejada de la anfitriona y lista para salir corriendo y gritando por los alrededores camperos. Al menos siento que puedo morir en la mesa mientras mi cabeza, perdida de puro aburrimiento, está por caer hacia adelante para indudablemente ahogarme en la sopa. ¡Entonces recordé mi EFT!

A esta altura, sin preocuparme de quien me estuviera viendo o de lucir como si estuviera sufriendo un ataque de una especie de Parkinson, decido hacer tapping por el aburrimiento.

No tengo idea si va a funcionar, pero algo muy interesante es que hace unas semanas, en una de mis clases de EFT para niños, una pequeña de diez años, cuando le pregunté si tenía algún problema en el que quisiera hacer tapping me dijo, “sí, estoy aburrida”. En ese momento sentí pánico y pensé para mí, “¡Señor! ¡No sé si EFT puede funcionar para el aburrimiento!” (Afortunadamente fui rescatada por la maestra que le dijo que se comportara).

Pero ahora estoy desesperada así que, cubriéndome con la mesa, hice tapping en mi Punto de Karate: Aun cuando siento que estoy a punto de morir de puro aburrimiento, yo me acepto profunda y completamente y me perdono por ponerme en esta situación (y para mis adentros como última medida… “Lo prometo”).

Bueno, recién había comenzado a hacer tapping en el punto de la ceja cuando la anfitriona mira a través de la mesa y pregunta “¿No te sientes bien Jann?” “Y… no, tengo un poco de dolor de cabeza” respondí. “Oh, EFT es muy bueno para este tipo de cosas, yo lo uso regularmente”, me dijo sonriéndome con benevolencia y me di cuenta que di un brinco. Dios querido pensé, aquí estoy yo en un remoto pueblito del interior del país, de no más de 500 almas (no es “mi pueblo”) y ¡encontré probablemente la única persona que conoce la existencia de EFT!

Pero ahora, como sea, estoy totalmente decidida, así que, mientras las lecturas y la comida continúa, yo hago tapping… este aburrimiento… este poético aburrimiento… este aburrimiento para hacer tapping o no hacer tapping en él… este aburrimiento de ahogarme en mi sopa… este Dios Querido sálvame de este aburrimiento, aburrimiento.

Necesité una ronda más pero cuando me volví a recostar en el asiento y tomé una profunda inhalación sintiendo mi cuerpo relajado y ubicado en un lugar de paz, la angustia y el nerviosismo me habían abandonado.

De repente, salido de la nada, apareció en mi mente la escena de Alicia en el País de las Maravillas cuando el Lirón se ha dormido y el Sombrerero Loco está tratando de ponerlo en una tetera y me di cuenta que no estaba más aburrida. Miré alrededor de la mesa y yo también, sonreí amablemente. Mañana será otro día y ahora sé que Gary está absolutamente en lo correcto cuando dice “Pruébenlo en todo.”

En ese momento nuestra anfitriona dice, “Oh, ¿alguien quiere un vaso de vino?” y yo sentí una alegría sin límites.

Jann Barry

Traducido por María Inés Sención, EFT-ADV