Madeleine Allen, de Escocia, ayudó a un exitoso gerente ejecutivo a trasformar su rabia hacia una compañera de trabajo en una relación pacífica. Me pregunto qué sucedería en nuestra vida si hiciésemos lo mismo con todos nuestros “enemigos”.

De Madeleine Allen

Quisiera compartir esta extraordinaria historia sobre la primera vez que usé EFT con alguien que no fuese yo misma.

Sobre mis antecedentes: soy una asesora de gerencia especializada en el desarrollo del liderazgo. Trabajo con grandes organizaciones para que mejoren su ejecución en el liderazgo y la gerencia. Hace poco tuve una cita con un cliente que es gerente ejecutivo, para ayudarle a que trabajase sobre su autoafirmación.

Este cliente (al que llamaré «Jim») es un joven capaz y con mucha seguridad en sí mismo que ha realizado un progreso excelente en su carrera desde que comenzó a trabajar hace 2 años y ya es un miembro muy apreciado en la organización. Tiene confianza para dar presentaciones en grandes grupos y para negociar con líderes del sector, grandes empresas y políticos de toda Europa. Esto me dejó con la duda de por qué necesitaba asesoramiento en autoafirmación, sin embargo, siempre permanezco con la mentalidad abierta y trabajo con mis clientes para hacerles capaces de alcanzar su máximo potencial.

Cuando comenzamos, Jim me dijo que en realidad el problema sólo era con una colega en particular que según él le trataba mal, le menospreciaba siempre que podía y, en general, le estaba haciendo la vida imposible. Durante una hora, trabajamos en varias técnicas para ayudar a Jim a reconstruir la relación deteriorada que tenía con su colega (la llamaré Diana).

Enseguida se hizo evidente que la percepción de Jim del comportamiento de Diana hacia él estaba completamente distorsionada por la rabia. Cuando probé la técnica en la que el cliente visualiza a la otra persona, Jim ni siquiera pudo traer su imagen a la mente; me dijo: “No quiero ni tan siquiera imaginármela. Todo lo que veo es una pared de ladrillos de rabia hacia ella». Hizo otros comentarios que incluían: «¡Tan sólo su existencia me da rabia!, y luego dijo: «Le tengo rabia porque me trató especialmente mal en una ocasión y fue la misma semana en la que le diagnosticaron el cáncer. La pagó conmigo simplemente para vengarse».

Me di cuenta que la forma de pensar de Jim estaba totalmente distorsionada por la rabia que sentía y que teníamos que despejar la rabia para que pudiese ver la situación con más racionalidad. A pesar de que nunca había usado EFT antes con un cliente, tuve la intuición de que sería un bueno momento para comenzar. Le hablé de EFT con precaución, asociándola a la acupuntura, con la que Jim está familiarizado. Me dijo que no creía que funcionase, pero que lo probaría; me dio la impresión de que sólo me estaba siguiendo la corriente.

Antes de comenzar le pedí que evaluase su rabia en una escala de 0 a 10 y me dijo: “No está siquiera en esa escala, está por las nubes”. Yo ya había hecho una lista de enunciados a partir de los comentarios de Jim hasta el momento y se los mostré para invitarle a que eligiese su propio enunciado preparatorio. Entre ellos se encontraban:

Aunque estoy verdaderamente enfadado con ella…

Aunque tengo tanta rabia que no puedo ver más allá de esta pared de ladrillos…

Aunque no puedo encontrar las palabras para hacerle frente…

Aunque odio su tono de voz…

Aunque me siento menospreciado cuando me corrige en público…

Aunque me llamó niñito estúpido…

Aunque siento rabia cuando pienso en ella…

Jim sólo quiso usar la última y no quiso decir “me acepto a mí mismo plena y profundamente”, así que le pedí que eligiese una frase con la que se sintiese a gusto. Acabó con:

Aunque siento rabia cuando pienso en ella, creo plenamente en mí mismo.

Empezamos con el punto de kárate y él repitió la frase preparatoria tres veces, entonces pasamos dos veces por los otros puntos de la cara, la clavícula y los puntos en los dedos. No quiso usar los puntos de la coronilla y bajo el brazo porque dijo que eran “una tontería”. Jim se rio todo el rato y en varias ocasiones dijo: “Esto es una tontería”. Al cabo de dos secuencias, mi propia confianza personal estaba sufriendo un serio revés, así que se me ocurrió comprobar en qué situación estaba él antes de continuar. Estaba dispuesta a arrinconar EFT y volver a lo que me era más familiar.

Le pedí a Jim que parase y se rio de nuevo, aunque noté que su risa tenía una calidad diferente; antes era burla o desdén y ahora me sonaba de regocijo verdadero. Le pregunté dónde estaba su rabia en una escala de 0 al 10. Me dijo: “No está siquiera en esa escala». Al principio pensé que estaba repitiendo su respuesta anterior (cuando me dijo: «Está por las nubes”), así que lo comprobé: «¿Dónde está la rabia ahora?”, y una expresión de sorpresa le llenó la cara mientras me decía: «No lo sé. ¡Simplemente ha desaparecido!».

Paré ahí porque ya fue capaz de trabajar el resto de la sesión de asesoramiento con una perspectiva totalmente diferente y pudimos realizar cambios importantes en su relación con Diana. Al final de la sesión comprobé de nuevo cómo se sentía cuando pensaba en Diana y mostró emociones tales como respeto y compasión. Por fin era capaz de centrarse en acciones constructivas y prácticas para reconstruir la deteriorada relación con su colega. ¡Menudo avance!

Le he hecho un seguimiento de nuevo, semanas después, y Jim me dice que ahora todas las llamadas telefónicas y las reuniones con Diana tienen una calidad diferente y más constructiva; incluso tiene ganas de ir con ella en un viaje de negocios al extranjero de 3 días en Año Nuevo, lo cual hubiese aterrado en el pasado.

Cuando pienso en lo que realmente funcionó en este caso, hay dos cosas que destacan en mi opinión. La primera es que escuché a mi intuición, tanto cuando me dijo que le explicase sobre EFT como cuando me dijo que parase. La segunda es que creo que la primera hora de asesoramiento nos ayudó de verdad a localizar el problema de raíz y trabajar sobre ello con rapidez, así que cuando Jim eligió su enunciado preparatorio lo más seguro es que fuese el correcto. Si le hubiese hablado de EFT antes, tal vez hubiésemos pasado mucho tiempo trabajando en enunciado sobre la autoafirmación, cuando el asunto subyacente era su rabia.

COMENTARIOS DE GC: Otra forma de tratar este asunto, que a menudo es más permanente, es preguntarle a Jim a quién le recuerda Diana. Es muy posible que te lleve a un suceso específico de más cimiento.

Muchísimas gracias por esta técnica tan excelente.

Madeleine

Traducido por Ana Saval-Badía – Escribir a Ana

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