Un hombre entró a una barra y pidió un vaso de vino blanco. Él tomó un trago del vino, y tiro el resto a la cara del camarero.

Antes de que el camarero pudiera recuperarse de la sorpresa, el hombre comenzó a llorar. «Estoy realmente apesadumbrado. Continúo haciendo esto a los camareros. No puedo decirle cuan vergonzoso es el tener una condición como ésta.»

En vez de estar enojado, el camarero era comprensivo. Enseguida, él sugería que el hombre viera a un sicoanalista sobre su problema.

«Sucede que tengo el nombre de un sicoanalista,» el camarero dijo. “El ha tratado a ambos mi hermano y a mi esposa, y dicen que él es tan bueno como vienen.» El hombre anotó el nombre del doctor, agradeció al camarero, y se fue. El camarero sonrió, sabiendo que había hecho una buena obra para otro ser humano.

Seis meses más tarde, el hombre regresó. «¿Usted hizo lo que sugerí?» el camarero preguntó, sirviendo el vaso de vino blanco.

«Ciertamente,» el hombre dijo. «He estado viendo al sicoanalista dos veces en semana.» Él tomó un trago del vino. y lanzó el resto a la cara del camarero.

El sorprendido camarero limpió su cara con una toalla. «El doctor no parece que lo esta ayudando,» comentó.

«Al contrario,» el hombre dijo, «Me esta haciendo mucho bien.»

«Pero usted acaba de lanzar el vino en mi cara otra vez!» el camarero exclamó.

«Sí» el hombre dijo. «¡Pero ya no me avergüenza!»

Autor Desconocido

Traducido por Nidza Busse