Ann Adams es la directora de una residencia institucional para el cuidado de niños con trastornos emocionales severos y, como tal, tiene un público retador a quienes impartir EFT. Todos podemos aprender de la historia que ella nos comparte –aun si estamos aplicando EFT en adultos. Hay muchas lecciones tanto en rapport (empatía) como el “arte de aplicación” en este mensaje. Por favor estúdienlo cuidadosamente.

Por Ann Adams

Cerca de las 4 horas caminé hacia la unidad de admisión. Los niños estaban en línea para ir a nadar. El niño más nuevo, “Kinney” preguntó quién era yo. Luego, “¿Ella qué hace?” (Los niños nuevos siempre quieren saber cuál es el rol de cada miembro del personal. Aprenden y comprenden rápidamente la cadena de mando). Le dije que una de las cosas que hacía era enseñar a los niños a calmarse rápidamente cuando no quieren estar molestos.

Kinney es alto para sus 13. Tiene el cabello marrón claro y un par de ojos tristes que competirían por los más tristes que he visto. Expresó interés inmediato. “¿Puedes enseñarme?”

«Seguro.»

«Harvey,» un niño Afroamericano delgado de nueve años en perpetuo movimiento, estaba detrás de él en la fila: “Yo también quiero saber”.

«OK.»

“Ryan”, de 11 años, uno de esos niños rubios con ojos azules adorable, con modales impecables- muy RARO en nuestro establecimiento- hablo después. “Señora, si no le molesta, me gustaría aprender eso también”. «No hay problema,» dije, «les enseñaré a los tres después de la comida.»

Cuando regresé a la unidad los tres niños vinieron hasta mí inmediatamente. “Enséñeme ahora” dijo Ryan. Nos sentamos en los sillones y les dije que lo que íbamos a aprender era algo que la mayoría de las veces calmaba a la gente muy rápidamente —que a veces funcionaba mejor cuando trabajabas con otra persona, pero que era algo que podían hacer solos.

Les dije que este proceso aprovecha cosas que ya hacemos para sentirnos mejor, pero que ayuda a enfocarnos aún más en lo que hacemos y lo hace funcionar mucho mejor. Luego les pregunté si habían hecho las siguientes cosas, y mientras tanto lo hacía yo misma: llevar la palma de la mano a la cabeza, mano al pecho, cabeza en las manos, restregarse bajo el ojo y bajo la nariz, refregarse las manos, mordisquearse los dedos, masajear el canto de la mano. Todos asintieron. Harvey, Sr. Movimiento Perpetuo, ¡comenzó a mostrarles a todos cómo se comía las uñas!

COMENTARIO de GC: éste es un magnífico puente verbal para ayudar a que estos niños puedan darle un sentido a estos procedimientos.

CONTINÚA ANN: les dije que ésta era una manera de usar todos esos movimientos juntos mientras se pensaba acerca de lo que les molestaba. Que la mayoría de las veces hacía que los sentimientos de malestar mejoraran y que muchas veces los sentimientos feos se iban. Tenía su atención- bueno, excepto Harvey- que ya había cambiado de asiento cinco veces. Decidí probar el ejercicio del Gancho de Cook para ver si lo calmaba. No podía ni siquiera sostener sus manos juntas el tiempo suficiente para seguir las instrucciones. Se dispersó- y bueno, algún otro día.

Les pregunté a Ryan y Kinney si había pasado algo ese día que los perturbó. Ninguno podía pensar en algo. Éste es con frecuencia el caso cuando les enseño a los niños “en frío”. Mi primera meta es familiarizarlos con el proceso. Muchas veces, el siguiente encuentro con ellos dicen: “Señorita Ann, haría esa cosa de tapping conmigo. Estoy enojada/molesto/triste”.

Luego Harvey camina y se agarra del brazo de Ryan. Ryan se lo saca de encima enojado diciéndome: “Sí, tengo un problema, mis pares que me provocan. Me frustro.” (Enseñamos a estos niños todo un vocabulario nuevo: pares, provocar, límites, negatividad, niveles, gotas de colores, etc.)

Kinney dijo que también tenía un problema. Le dije “No tienes que contármelo, pero ¿quieres compartirlo?”. Kinney me contó luego una historia muy triste de una mamá en la cárcel por drogas y lo preocupado que él estaba por ella y que ella tenía también problemas de úlcera y que él la extrañaba. (Hay muchas, muchas historias así de tristes en nuestro centro. ¡Me gustaría poder enseñar a todas las madres y padres cómo hacer tapping!)

Les expliqué luego que los problemas son como rompecabezas y que los rompecabezas tienen muchas piezas. Que el primer paso es pensar en tu problema y elegir sobre cuál pieza quieres trabajar. Luego, cuando esa pieza del problema está arreglada, puedes elegir otra pieza hasta que todos los sentimientos feos se han ido.

COMENTARIO DE GC: ¡¡Una metáfora excelente!! Los enfoques creativos como éste marcan la diferencia entre niños/clientes cooperativos y no cooperativos.

CONTINÚA ANN: le dije a Kinney que su problema tenía muchas piezas. Necesitaría hacer tapping sobre muchas piezas de este problema. Hablamos acerca de cuáles serían esas piezas. Le dije también que nosotros sentíamos físicamente nuestros problemas en nuestro cuerpo y cuando pensáramos acerca de cuál pieza del rompecabezas queríamos trabajar, ayudaría el chequear dónde sentíamos eso en nuestros cuerpos. Su mano fue directamente a su corazón.

Hablamos de cómo descubrir cuánto le molesta el problema. Les mostré el método de extender los brazos, contando de 10 a 0 mientras se cierran los brazos hasta juntar las manos en posición de rezo.

Harvey camina hacia el grupo y se sienta. Lisa, experimentada en hacer tapping, se acerca para mirar y suma sus dos centavos: “Yo he hecho esto también.”

“Hola Lisa, si lo has hecho. ¿Funciona?”

“Sí,” dijo Lisa. “Me gusta.”

“Bueno, elige un problema que quieras trabajar con nosotros.”

“Hagámoslo,” le dije al grupo. Hicimos tapping en el canto de la mano con frases preparatorias simples: “Aunque esté triste por mi mamá/enojado por la provocación de mis pares, soy un buen niño.” Modelé cada punto. Usamos las yemas de los dedos también. Me salteé el punto Gama. Repetimos los pasos.

Harvey trató de hacer tapping, pero se aburrió y se fue nuevamente. (Se requieren varios intentos para que un niño como Harvey pueda hacer todo el proceso) Lisa dijo: “No hiciste el punto Gama”. Le dijo a Kinney, “Ese es un buen punto para la depresión”. (Cuando un niño aprende más acerca del proceso, una de las cosas que hago es etiquetar cada punto con un sentimiento. Es algo del Dr. John Diamond. Quién sabe si eso es acertado, ¡pero a los niños le gusta!)

Melanie se unió al grupo. “¡Están haciendo esa cosa de tapping!”

“Sí, ¿la has usado últimamente?”

“No,” dijo Melanie, “me olvidé”

Le sonreí y le dije “Es algo genial; lo haremos otra vez.” Kris se acercó y se sentó. Le sonreí a él cuando empezó a hacer tapping al costado de la mano- “Ves,” dijo.

Le pregunté a Ryan si el hacer tapping había arreglado su estar “frustrado con la provocación de sus pares.” El asintió y sonrió: “Harvey solamente está siendo tonto”

Miré a Kinney: “¿Fue de alguna ayuda?”

“Bueno,” dijo, “no estoy molesto por eso ahora.”

“Dime otra vez ¿cuál es el punto para la depresión?”. Me miró a los ojos con tanta tristeza mezclada con esperanza que me hubiera gustado poder trabajar con él en forma individual más tiempo.

Uno de los aspectos negativos de ser la directora del campus es que tengo muy poco tiempo con los niños. Trabajo con un niño que está necesitando y le enseño tanto como puedo. Tengo clases con el personal una vez por cuatrimestre y trabajo con ellos para reforzar que los niños usen este procedimiento. Les enseño a los niños EFT en grupos no sólo por el poco tiempo, sino porque ver a otros niños hacer tapping normaliza el proceso.

Ryan me preguntó si podía escribirle los pasos. ¡Generalmente yo tengo que sugerir eso! Como cada niño tiene un diario, los mandé a buscarlo a sus habitaciones. Lo hicieron. En los seis pequeños diarios de los seis pequeños niños escribimos:

1. Piensa en el problema.

2. Elige una pieza sobre la que quieras trabajar.

3. Haz tapping en el costado de tu mano. Etc.

Generalmente termino los puntos de los dedos con tapping del costado de la mano nuevamente y luego hago el punto Gama. ¿Por qué? Ninguna razón científica, ni siquiera una buena razón clínica.

Sorprendentemente, aún Harvey trajo su diario y se sentó mientras lo ayudaba a escribir los pasos. Cada niño lo escribió o me pidió a mí que lo hiciera. Ryan dijo: “¿Qué nombre le pongo?”

“¿Cómo lo llamarías tú?”

«Lo llamaría el Proceso de Pensamiento de Ryan» dijo.

Vi a Kinney en el almuerzo al día siguiente. Me dijo que había comenzado a estar deprimido la noche anterior entonces probó hacer tapping. “¡Funciona de verdad!”, me dijo con sorpresa en su voz.

Ann Adams

Traducido por Mariela Carvia

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