Una pareja en sus noventa años tienen ambos problemas para recordar cosas. En una visita al médico, les dice que físicamente están bien, pero que tal vez convendría que empiezan a escribir las cosas para ayudarles a recordar.

Más tarde esa noche, mientras vean la televisión, el viejo se levanta de su silla. “¿Quieres algo de la cocina?” pregunta. “¿Me traes un plato de helado?”

“Seguro.”

“¿No crees que deberías escribirlo para que no se te olvide?” le pregunta.

“No, yo puedo recordarlo.”

“Bueno, me gustaría con fresas encima, también. Tal vez deberías escribirlo, para que no se te olvide.”

Él dice, “Puedo recordar eso. Quieres un plato de helado con fresas.”

“También quiero crema. Estoy segura que se te va a olvidar, escríbelo” le pide.

Molesto, él dice, “¡No necesito escribirlo, puedo recordarlo! Helado con fresas y crema – ¡lo tengo, por el amor de Dios!”

Luego se va a la cocina. Después de unos 20 minutos, el viejo regreso de la cocina y le pasa a su esposa un plato con huevos y tocino.

Ella mira detenidamente el plato por un momento.

“¿Dónde está mi pan tostado?”

Autor Desconocido