La Dra. Patricia Carrington resuelve un caso complicado usando La Técnica del Trauma sin Lágrimas y su propia Técnica de frases alternadas.

Por la Dra. Patricia Carrington

Querida lista,

A veces la emoción intensa puede bloquear el progreso a la terapia y puede impedir a EFT conducirse con su habitual efectividad. Aquí es donde estrategias especiales pueden ser usadas para disminuir el dolor emocional y facilitar la terapia. Gary nos ha dado una excelente estrategia para usar en tales instancias (hay una que uso a menudo con buen efecto): la Técnica del Trauma sin Lágrimas y la Técnica de las Frases Alternadas. He descrito en mi colaboración de noviembre que hay otro método al que recurro en esta clase de situaciones. Me gustaría describir ahora cómo recientemente he usado ambas técnicas dentro de la misma sesión con una clienta, “Doris”, quien ha estado en terapia conmigo por cerca de dos años.

Una gran parte de la terapia de Doris ha involucrado el uso de EFT para tratar problemas de personalidad múltiple que iban desde fobias a estar lejos de casa hasta problemas profundamente arraigados de autovaloración. Esto surge en gran parte de su excesivo sentido de responsabilidad por su padre alcohólico a quién cuidó después de la muerte de su madre, hasta que finalmente murió a causa del alcoholismo algunos años más tarde. Uno a uno habíamos cortado multitudes de árboles en su “bosque” (para usar la metáfora del bosque de árboles emocionales de Gary) y recientemente había estado tan bien en su matrimonio, su trabajo y su vida social que habíamos reducido sus sesiones de terapia a una cada dos semanas.

Parecía que solo estábamos tratando algunos últimos cabos sueltos preparando el final de su terapia cuando llegó con esto una de esas “maravillas del último minuto” que a veces ocurre justo cuando el cliente está pronto para irse del todo. Es como si a pesar de que la persona se haya mantenido reticente a encarar un cierto problema durante todo este tiempo, cuando saben que están por irse finalmente deciden que es mejor enfrentar esto antes que sea muy tarde. La información que un cliente puede traer en este punto es a menudo una sorpresa. Lo fue para Doris.

Luego de muchas sesiones constructivas y triunfantes, aquél día llegó a mi consultorio bastante perturbada. Había estado tratando con un amigo suyo cuando se encontró a sí misma sintiendo una dolorosa responsabilidad exagerada por los problemas de conducta de este amigo. Estaba furiosa consigo misma por haber sido atrapada en lo que llamó una conducta “chapucera” hacia otros en la que no se sentía “realmente siendo ella misma”.

Rápidamente llegó a la conclusión de que esto surgía de sus sentimientos de haber sido responsable de la muerte de su padre debido al alcoholismo, y comenzó a contarme detalles acerca de su adicción y su muerte que nunca antes me había contado. Era como si simplemente tratara de sacarlos afuera antes que fuera demasiado tarde.

Cuando estaba contando estos hechos se detuvo a mitad de frase, con su cara sonrojada y sus ojos asustados. “¡Díme!” gritó, “¿yo bebo demasiado?” Como era la primera vez que Doris mencionaba algo acerca del modo en que ella misma bebía, solamente pude pedirle que me contara algo al respecto.

De todas formas no podía contestar mi pregunta sin sentir que se sofocaba, y su respiración se hacía más trabajosa (Doris no tiene asma pero en muchas ocasiones tuvo que ir a la sala de emergencia con problemas respiratorios producidos por severos ataques de ansiedad). Cuando esto pasó yo inmediatamente “respaldé” como tiendo a hacer cuando un cliente se mete en problemas, y le pedí que hiciera tapping en:

“Aunque no puedo decir eso sin sofocarme…”

Después de una ronda de esto ella pudo respirar normalmente de nuevo, aunque seguía agitada. Quería contarme más detalles del alcoholismo de su padre y su muerte. Estaba sin aliento mientras me describía el hecho de que el alcoholismo de él fue “el peor que jamás he visto” Recordaba que tomaba tantas botellas de Vodka puro por día que ni siquiera tenía tiempo de lavar el vaso entre tragos y por días ese vaso podía quedar oliendo a alcohol rancio mientras seguía vertiendo una botella tras otra en él. Solía alternar vodka con whisky, y solía, dijo ella, permanecer bebiendo por 24 horas, sin dormir nunca, hasta que finalmente caía en un estupor de muerte.

Hacia el final de su vida, a medida que su hígado empezó a fallar, estaba extrañamente lúcido. Este hombre, que era tan brillante cuando estaba sobrio, solo podía balbucear sus palabras y mirar el mundo borrosamente. Ella describió todo esto como una escena de horror que le había hecho desear que muriera para terminar de una vez con eso.

Mientras hablaba acerca de esto, Doris se puso extremadamente perturbada y verdaderamente empezó a revivir el trauma. Estaba temblando y se había puesto casi incoherente mientras las lágrimas corrían por su cara. Debido a que obviamente estaba muy dolorida me dispuse a ayudarla. En lugar de imponer fuerzas positivas o “sacar las cosas fuera del sistema” estaba en verdad retraumatizándose ella misma directamente frente a mis ojos.

Decidí usar la Técnica del Trauma sin Lágrimas para disminuir el dolor de manera en que pudiera trabajar productivamente en este asunto. Para hacer esto, le indiqué que hiciera tapping en el asunto sin pensar deliberadamente en la situación original (las escenas acerca de su padre), sino que simplemente ESTIMARA cómo se sentiría si PENSARA acerca de ellas.

Ella estimó su nivel de malestar como un “10 ” en la escala subjetiva de malestar (1 a 10) para este problema, y la frase recordatoria que usó salió de sus propias palabras “Cuando pienso acerca de ello es horripilante.” Hizo tapping en “Aunque esto es horripilante” y fue capaz de llegar al final de la ronda.

No obstante, al terminar dijo que sentía en sus manos como “pinchos y agujas” y que se sentía “como encerrada en un ataúd”. Todavía “no podía respirar”.

En lugar de continuar tratando el problema directamente otra vez respaldamos (saliendo a un costado) para tratar el pánico que interfería:

“Aunque no puedo respirar cuando pienso sobre eso…”

“Aunque me siento atrapada en un ataúd cuando pienso sobre eso”

Al final de estas dos rondas había descendido un poco en su nivel de malestar y podía respirar normalmente ahora, pero sólo podía entender esto en un nivel intelectual. Sus sentimientos seguían siendo intensos.

Entonces hizo tapping en:

“Aunque sigue asustándome mucho.”

Mientras estaba haciendo este tapping, de todas formas se quebró en la mitad de la ronda y dijo entrecortadamente “Oh, ¿sabes qué? ¿Sabes porqué todavía estoy asustada? ¡Por la primera vez me doy cuenta de que tengo miedo de que eso me pase a MI!

Esta es una de esas “revelaciones del EFT” que ocurren espontánea e inesperadamente en el curso del tratamiento, y que son extremadamente valiosas.

A mi petición hizo tapping en: “Estoy aterrorizada de que vaya a ser igual que mi padre”

Después de una ronda de esto dijo que se sentía “un poco mejor” por primera vez en la sesión. “Me siento realmente bien de que esa sea la verdad y la pueda haber dicho en voz alta” explicó.

Entonces me dijo que había estado tomando algo de vino todas las noches, algo que no pensaba que fuera inteligente. “Me siento como si lo hubiera estando ocultando y es bueno que te lo cuente” me dijo. Luego empezó a decir que en verdad cuando NO TOMABA no le molestaba en absoluto, pero que de todos modos se había estado metiendo en el hábito de tomar vino cada noche. Conociendo la apertura de Doris, yo estaba bastante segura de que estaba contando la verdad acerca de las dos caras de su beber vino, y de su sentirse bien cuando no lo había bebido. Me parecía que podíamos dirigirnos a ambos lados del problema usando la técnica de las Frases Alternas para balancear la figura y traer una perspectiva positiva en la desolada imagen de su auto-condenación.

Le pedí que empezara con la afirmación negativa primero (en este caso “estoy aterrorizada de que vaya a ser igual que mi padre”). Entonces siguió con la frase recordatoria positiva: “Cuando no bebo me siento bien sin beber” (usada en el borde exterior del ojo), luego con una frase negativa mientras hacia tapping abajo del ojo, luego la positiva para debajo de la nariz, y así hasta completar la ronda entera.

Mientras hacía esto, el color comenzó a volver a la cara de Doris (que había estado muy pálida) y al final de la ronda ella dijo “me siento mucho mejor.” Su nivel en la escala subjetiva de malestar era ahora de 5.

Debido a que su nivel de intensidad se había reducido tanto le pregunté si ella se sentiría bien sustituyendo la palabra “miedo” en la frase recordatoria por la palabra “aterrorizada”. ¿Esto encajaría mejor? Dijo que lo haría y usó esta frase, al tiempo en que otra vez usó la afirmación negativa (primero) y luego la positiva para el tapping.

A medio camino de esta ronda su verbalización espontánea cambió de “cuando no bebo me siento bien” a “cuando no bebo me siento MEJOR” Sabiendo que el cambio de verbalización de los clientes mientras hacen tapping puede ser muy importante para la curación, no la interrumpí. Pude ver que ella se veía diferente, su cuerpo había comenzado a relajarse, sus ojos estaban mucho más enfocados.

“Me siento en calma ahora” dijo al final de la ronda. “Siento que te conté un gran secreto que estaba escondiendo aún de mí misma”. Le pedí que volviera a la frase “Mi padre murió de alcoholismo” para ver cómo estaba con eso. Su nivel de intensidad era ahora un 2. “Sigo sientiendo algo de ansiedad acerca de mi propio beber” agregó.

En este punto tuve que tomar una decisión acerca de cuál dirección seguir. Decidí dejar que cambiara a este aspecto. El final de la sesión estaba aproximándose y sentí que éste era el problema más importante que se mantenía en este punto. Me di cuenta que otro terapeuta podría haber decidido continuar con el tema del alcoholismo paterno hasta que el nivel de intensidad fuera 0. Eso podría haber funcionado bien también. Pero yo quería seguir su propia guía y enfatizar la importancia de tratar con sus sentimientos sobre ella y sobre su propio asunto de beber.

Le pedí que alternara frases una vez más con:

“Tengo miedo de ser una alcohólica igual que mi padre” (frase negativa)

“Me siento mejor cuando no estoy tomando” (frase positiva)

Comenzó a hacer esto, pero se interrumpió a mitad del ejercicio exclamando “¡De pronto me doy cuenta de que no voy a ser igual que mi padre!” Esto estaba en la naturaleza de una experiencia de ¡Ahá! Para ella y espontáneamente sustituyó (para la frase positiva) las palabras: “¡Yo no voy a ser una alcohólica!” en lugar de lo que yo había sugerido, repitiendo esto en voz alta y con mucha confianza. ¡Había creado su propia “instalación positiva”!

Al final de esta ronda me contó acerca de la nueva comprensión que había experimentado recién. “Mi padre nunca habría estado sentado aquí hablando de esto”, dijo. “Yo nunca voy a ser una alcohólica.”

Discutimos sumariamente planes para limitar su ingesta de vino a cada tercera tarde, una idea que ella sugirió y que le pareció bien. Entonces dijo:

“¡Siento que ésta ha sido la mejor hora de terapia que jamás tuve en mi vida!”

Doris volvió la semana siguiente para anunciar que estaba pronta para finalizar la terapia. Se veía radiante y me dijo que había experimentado una notoria sensación de confianza desde nuestra última sesión. “Me siento que me he liberado de esto” dijo. Este triunfo había sido alcanzado por ella. La sesión aparentemente había sido un verdadero abrirse paso hacia adelante.

¿Habría Doris alcanzado el mismo grado de auto-aceptación y auto-comprensión si se hubiera permitido tropezar con las memorias dolorosas de su padre durante las sesiones previas sin que se le ofreciera alivio de ellas a través de la Técnica del Trauma sin Lágrimas y el uso de las frases recordatorias alternadas? ¿Habría, en otras palabras, sido útil seguir la máxima “sin dolor no hay ganancias” y haber asumido que re-experimentado el DOLOR del trauma era el mejor camino a la curación?

Mi opinión es que mientras podría eventualmente haber llegado a alguna forma de curación a lo largo de MUCHAS sesiones nos hubiéramos quedado solamente con lo negativo y no habríamos dado avances para retirar el dolor del trauma. No habríamos visto una rápida y dramática mejoría como lo hicimos. Del mismo modo, porque todos buscamos evitar el dolor, existe la posibilidad de que Doris podría simplemente haberle dado la espalda a su problema y haberlo enterrado otra vez en algún lugar en su interior cuando el tratamiento se hubiera tornado muy doloroso, en lugar de enfrentarlo completamente y llegar al otro lado como hizo.

Este es un importante asunto a considerar. Quizás algún día alguien pueda inventar un experimento que pueda testear estas dos posibilidades. Mientras tanto, pienso que lo mejor que podemos hacer es honrar nuestras propias inspiraciones clínicas. En este caso, la mía probó ser fructífera.

Pat Carrington

Traducido por Martin Jones Escribir a Martin