Por Isabel Casalderrey
Escribe a Isabel: [email protected]

Cuando Alfonso (no es su nombre verdadero) llegó a consulta llevaba meses con un problema de lumbalgia que no remitía con ningún tratamiento. Estaba frustrado y bastante deprimido, sobre todo por el dolor constante que tenía y la limitación de movimiento que le provocaba la lumbalgia. Su trabajo es fisioterapueta y después de estar un tiempo de baja, tenía que empezar a trabajar y sólo podía aguantar a base de tomar fuertes analgésicos.

Probó con EFT, digamos, por desesperación al no encontrar alivio con otras terapias.
Empezamos la sesión primeramente aceptando la situación que estaba viviendo para bajar su enfado y poder ver con más calma, qué nos quería decir ese dolor.
En el punto karate:
_ Aunque estoy muy enfadado con mi cuerpo por tener esta lumbalgia que me impide moverme, yo elijo amarme y aceptarme completa y profundamente.
Seguimos con la ronda:
_ Estoy muy enfadado
_ Ya no sé qué hacer para sanar la lumbalgia
_ Este enfado conmigo mismo
_ No soporto sentirme inmovilizado.
_ No quiero sentir esto
_ Me siento muy frustrado.
_ Este dolor insoportable en mis lumbares.
_ No me está dejando trabajar.
_ No puedo moverme.
(Unas cuantas respiraciones profundas)
_ Aunque quizás esté siendo muy exigente conmigo mismo, yo me amo y me perdono completa y profundamente y elijo escuchar amorosamente a mi cuerpo.
Ronda:
_  Quizás esté siendo un poco rígido.
_ A lo mejor mi lumbalgia me quiere decir algo.
_ Por qué me exijo tanto.
_ ¿Es necesario tanto esfuerzo?
_ Elijo amarme y cuidarme.
_ Elijo escuchar a mi cuerpo.
_ Mi cuerpo no es mi enemigo.
_ Seguro que me está queriendo cuidar y proteger.
_ Me abro a entender su mensaje.
(Unas respiraciones profundas)
En este momento su umbral de dolor fue disminuyendo y al preguntar si le venía alguna imagen o recuerdo, surgió la frustración que sentía al tener que compartir la consulta con su padre. Él quería hacer modificaciones en la decoración del centro, porque tal y como estaba le resultaba muy triste y antiguo. Además quería trabajar a su ritmo y no al que le imponía su padre.
Seguimos trabajando sus emociones de frustración hacia el centro y hacia su padre. Al ir finalizando la sesión, me dijo que no sabía cómo sacar el tema con su padre sin tener un conflicto. Así que hicimos:
Punto karate:
_ Aunque por ahora no sé cómo tratar este tema con mi padre, yo me amo y acepto completa y profundamente y me abro a recibir la mejor solución para los dos.
Ronda de puntos:
_ Me permito encontrar la solución.
_ Me relajo y la solución vendrá fácilmente.
_ Me relajo y confío.
_ Siento la confianza de que encuentro la mejor solución para los dos.
_ Amo a mi padre y elijo lo mejor para los dos.
_ Una parte de mí sabe la mejor solución.
_ Me permito escucharla.
_ Todo se soluciona de la mejor manera para los dos.
_ Elijo estar en paz y dejarme fluir.
Al terminar la sesión el dolor había disminuido casi por completo y sobre todo había ganado mucho en movilidad. El enfado y la frustración habían desaparecido.
Estando abiertos a que quizás podría necesitar otra sesión si la lumbalgia no mejoraba, al cabo de unas semanas me llamó para decirme que había surgido de una manera natural y sin saber cómo, una conversación con su padre sobre los cambios que quería hacer, sorprendiéndose de que incluso su padre le hiciera sugerencias de cosas que él mismo había pensado.
En unos meses hicieron los cambios tal y como él quería.
Le quedaba algo de molestias en las lumbares, así que fue a una compañera de fisioterapia a que le tratara las lumbares y en una sola sesión desapareció el malestar.
De esto hace un año. No ha vuelto a tener molestias.
Isabel Casalderrey
Blog: http://metododeliberacioneft.blogspot.com.es/