Por María Aurora Villarreal, México

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‘Magda’ es una niña de 10 años que sus papás querían que la ayudara, pues presentaba ataques de pánico muy fuertes y no dejaba que sus papás salieran en la noche. Les llamaba constantemente y estaban desesperados. También me dijeron que era una niña que siempre estaba enojada o seria y que no aguantaban sus chiflasones.

El papá me comentó que él tenía ataques de pánico, pero que estaba viendo a un psiquiatra y estaba con medicamento. La mamá me comentó que de vez en cuando tomaba antidepresivos y que fumaba mucho.

En el colegio a Magda le iba bien en calificaciones y la psicóloga me reportó que ella no veía problema de cuidado con Magda, que tenía amigas y estaba bien integrada en el salón.

Les expliqué el tapping a los papás, a quienes noté totalmente escépticos e inclusive se rieron a la hora de hacerlo. Me fui por el lado de humor:


A pesar de que no sé qué es esto y es algo muy extraño para mí, yo me amo y me acepto completa y profundamente

En los puntos: “esto es extraño”, “no sé qué es esto”.

A pesar de que no sé cómo tocar unos puntos pueda ayudar a mi hija, yo me amo y me acepto completa y profundamente.

En los puntos: “esto no va a ayudar en nada”, “esto es extraño”, “tocar estos puntos no va ayudar”.

Cuando vino Magda pude ver su cara seria y muy observadora. Conversamos un poco y le mostré cómo hacer tapping. Hicimos unas rondas sobre lo que le molestaba del colegio y me dijo que no sentía nada. Poco a poco se fue relajando y aunque me dijo que no sentía nada, pude observar que sus músculos se relajaban y sonreía de vez en cuando.

Ese fin de semana los papás me hablaron diciendo que la niña seguía hablándoles por teléfono y que no sabían qué hacer. Traté de calmarlos con tapping por sustitución y les pedí paciencia.

En la siguiente sesión trabajamos en ver cómo estaba su corazón y los dibujos que hizo me llamaron la atención. Dibujó su miedo y cuando terminó, empezó a hacerle cortes al dibujo con unas tijeras.

 

MiedoLe dije: si hubiera una pared en tu corazón que te impidiera ver con alegría el mundo, ¿cómo sería? y de nuevo su dibujo me sorprendió.

Pared

Pared

La pared en su corazón en donde el corazón se ve pequeñísimo y la pared enorme; mostró rasgos de ansiedad al estar platicando y rayaba constantemente el dibujo. Trabajamos en cómo se sentía su corazón y en la pared de fierro “indestructible” como ella la llamó.

Se sintió más tranquila.

En la siguiente sesión trabajamos en que ella fuera descubriendo sus cualidades y haciendo afirmaciones positivas sobre ella misma, cosa que se sintió incómoda al hacerlo y trabajamos un poco de tapping. También la pedí que me hiciera un dibujo de cómo sentía que estaba su mente.

Mente

Trabajamos sobre su confusión y ansiedad; me comentó que su papá cuando era más chica le pegaba con el cinto.

Trabajamos con un evento en especial y se sintió un poco más tranquila; bajó su enojo de 10 a 3.

Al finalizar la sesión, cuando la mamá vino por ella, me dijo que la llevarían con un neurólogo. A los pocos días me llamó la mamá y me dijo que el neurólogo le había dicho que presentaba depresión infantil y que le habían recetado Prozac. Dijo que la niña se estaba riendo más, que ya no iba a necesitar la terapia. Para mí fue duro escuchar estas palabras, pues sé lo que implica medicar a una niña de 10 años con Prozac. Sin embargo entiendo que cada padre hace lo mejor que puede hacer; me hice un tapping para aceptar esta situación y dejarlo ir mandándole a Magda mucho amor desde mi corazón. No he sabido más de la niña.

María Aurora Villarreal, México

Formadora y Facilitadora Avanzada de EFT

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