Melissa llega a la raíz de su adicción al azúcar. Incluye seguimiento. – AHEFT

AHEFT

Publicado: febrero 22, 2021

Este artículo de Melissa Derasmo es lectura obligada porque ilustra de una manera soberbia cómo encontrar un tema medular puede deshacer incluso los retos más persistentes. Ella dice que “recientemente, algo pasó que me puso en el camino a la respuesta. Estaba de compras en Macy’s (el segundo de mis pasatiempos favoritos en ese entonces) y de pronto, de la nada, un bebé empezó a gritar y a llorar…”

Por Melissa Derasmo

Yo era una adicta confirmada al azúcar. Comenzando a principios de mis veinte, comía azúcar en toda oportunidad. Hacía cualquier cosa que fuera necesaria para tener mi “ración”, incluyendo cosas que no admitía como robar dinero si no tenía para un chocolate o cualquier otra golosina.

En un esfuerzo continuo por encontrar la dieta perfecta, de alguna forma me las arreglé para encontrar EFT y me zambullí y nunca miré hacia atrás. Hice tapping por cada tema que pude encontrar, y tenía muchos. Tenía una pena inconsolable por la muerte de mi madre alcohólica cuando yo tenía seis años, enojo por haber sido abusada físicamente por mi madrastra y abusada sexualmente por el padre de ella, y después, una pena inconsolable por la muerte de mi padre cuando yo tenía diez años. Estas eran las piezas mayores de las cuales pude eliminar todo el dolor con EFT. Pasé el siguiente año trabajando en mi Procedimiento de Paz Personal, haciendo tapping en todo lo que se me ocurrió. Pero seguía consumiendo azúcar incontrolablemente.

Recientemente algo sucedió que me puso en el camino a la respuesta. Estaba de compras en Macy’s (el segundo de mis pasatiempos favoritos en ese entonces) y de pronto, de la nada, un bebé empezó a gritar y a llorar. Y bueno, mi reacción fue salir de la habitación lo más rápido que pude. Mi esposo, quien me acompañaba, se volvió hacia mí y me dijo “¿y a ti qué te pasa?” Y atinó. Según yo, todos salen corriendo de una habitación cuando hay un bebé llorando. No puedo tolerar el oír el llanto de un bebé. ¡Pero no, aparentemente muchas personas no tienen problema con esto! Y lentamente el pensamiento surgió ante mí: no puedo tolerar el llanto del bebé porque yo soy la bebé que llora –la bebé que no fue cuidada – ni cuando mi madre vivía ni después de que ella murió. Así que fui a casa y empecé a hacer tapping. Fue una sesión larga de trabajo en cada cosa que iba surgiendo, y si era o no cierta, no tenía importancia. Estos pensamientos eran lo que yo creía que era la verdad.

Aunque estoy tan triste de que mi madre haya estado demasiado ebria como para despertar y alimentarme…

Aunque estoy tan triste de que mi madre haya estado demasiado ebria para levantarse y cambiar mis pañales…

Aunque estoy tan triste de que mi madre haya estado demasiado ebria para cuidar de mi…

Pero lo más importante, me di cuenta de que tras su muerte, tampoco estuvo para hacer todas las cosas que una hija necesita en la vida –y cuando me enfoqué en lo que ambas nos habíamos perdido, las lágrimas empezaron a fluir:

Aunque estoy tan triste de que mi madre no haya estado ahí para llevarme a la escuela,

para arroparme en la noche

para leerme cuentos

para ayudarme con mi tarea,

para poner mi foto en el refrigerador,

para felicitarme por mis magníficas calificaciones,

para empujarme en el columpio del parque,

para oír de mis congojas,

para jugar conmigo,

para llevarme por mi primer corpiño,

para hacer galletas conmigo,

para explicarme lo que es un Tampax,

para ayudarme a planear mi boda,

para decirme porqué no debía casarme con ese idiota,

para cargar a su primera nieta,

para decirme qué gran hija soy

… y muchas, muchas cosas más

Lo que pasó cuando todo terminó fue muy impactante. Lo primero que noté fue un silencio total –la voz que siempre gritaba por azúcar estaba en completo silencio; así que empecé a probar. En el trabajo me dirigí hacia la oficina de mi socia y hacia la tonelada de chocolate en su escritorio –nada. Fui a las máquinas expendedoras –nada. Fui a un supermercado y caminé por el pasillo de los dulces –nada. Tomé algo de chocolate, lo olí, no se me antojó para nada, lo dejé y me alejé.

Si eres un adicto/adicta al azúcar, entenderás que eso fue nada menos que un milagro. La mañana siguiente pensé que quizá fue abducida por alienígenas y cambiada por una persona-libre-de-adicciones, alguien que es “normal”. Estuve muy intranquila al respecto pero deseosa de aceptar que, lo que hubiera sucedido, fue bueno. Y aunque no ha sido un tempo terriblemente largo desde entonces, me mantengo completamente libre de la adicción seis semanas después. Ese “tirón” implacable e interminable que me forzaba a comer se ha ido por completo. Hoy, como “normalmente” –hago comidas balanceadas y bajas en calorías y estoy completamente a gusto con ellas. Me siento satisfecha con sólo una ración. Puedo ver a los demás comer pastel, galletas y dulces sin ningún problema: no me molesta. Simplemente ya no deseo lo que ellos tienen.

Viendo al pasado, puedo ver la clave que mi subconsciente intentaba darme con el bebé lloroso que siempre estaba ahí: no lo entendí, así que sólo lo ignoré. Y ahora, mientras pierdo peso sin esforzarme, espero que otros encuentren esta información de utilidad. Puede ser que uno necesite hacer tapping en lo que no sucedió de la misma forma que en lo que sí pasó.

Melissa Derasmo

Seguimiento: desde aquella ocasión en que me deshice del asunto del “llanto de bebé”, llevo tres meses sin ningún ansia de azúcar y he perdido 38 libras (17 kg).

Traducido por Sandra Figueroa Sosa

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