Por Steve Wells

Queridos amigos:

Esta mañana recibí otro recordatorio de la alegría que podemos dar cuando usamos estas técnicas para ayudar a otros.

Acabo de regresar de una fiesta de Navidad para los niños, organizada por el grupo de juego de mi esposa –un grupo que se reúne semanalmente durante todo el año. El año pasado los niños tenían alrededor de 2 a 3 años de edad, y conocer a Santa era, para muchos de ellos, un pequeño reto –la mayoría estaban apabullados, muchos lloraban y algunos no se acercaban a este extraño hombre de traje rojo aún después de los intentos frenéticos por parte de sus padres por apaciguarlos.

Este año, habiendo los niños crecido un año, esperábamos que fuera completamente diferente, ya que muchos de ellos estaban esperando ansiosamente conocer a Santa, habiendo aprendido la asociación entre Santa y regalos –todos a excepción de una pequeña niña a quien llamaré Karen.

Conforme esperábamos a que Santa llegara, la mamá de Karen me contó que su pequeña estaba asustada hasta el punto de casi histeria aún ante el mero pensamiento de Santa. De hecho, ella incluso tenía malas sensaciones con respecto a volver a ese parque después de las experiencias del año anterior. Este miedo también salía a relucir siempre que había otros personajes infantiles –ella gritaba y se echaba a correr.

Con sólo un poco de tiempo antes de que Santa llegara, yo rápidamente le expliqué la versión corta del tratamiento para ansiedad/fobia –sugiriendo que ella le hiciera tapping a su hija unas cuantas veces bajo el ojo, en el punto de la clavícula, y bajo el brazo antes de que Santa llegara y nuevamente cuando llegara.

Conforme Santa caminó por el sendero unos minutos después, vi a esta niñita muy alterada y asustada correr hacia los brazos de su madre. Vi a su madre con una expresión de preocupación, tratando desesperadamente de hacerle tapping, y sosteniendo fuertemente a su pequeña.

Un minuto después, habiendo dejado a su hija sentada sobre un tapete con su esposo, la madre de la niña vino hacia mí para decirme que “no había funcionado”, y que su hija todavía estaba muy alterada. Yo la había estado observando subsecuentemente, sin embargo, y apunté hacia el frente del grupo, donde su esposo estaba ahora caminando con su hija tomada de la mano, hacia Santa.

Observamos conforme Karen caminó hacia Santa con una sonrisa en el rostro, aceptando un regalo, e incluso parando por un rato a hablar con él, sonriendo felizmente mientras lo hacía. Deberían haber visto los rostros orgullosos y aliviados de ambos padres. Yo hice una pequeña pausa para dar gracias a Dios, y a aquellos quienes han transmitido el regalo de EFT que permitió que este milagro sucediera. Qué regalo mejor que éste podemos dar –aliviar el dolor de una niñita y convertirlo en alegría.

Feliz Navidad a todos. Que sus días estén llenos de alegría como ésta.

Steve Wells

Traducido por Ana Paula Aguirre Hall Escribir a Ana Paula

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