Jamina Kovacev de Nueva Zelanda muestra algunas razones críticas por las que desarrollamos enfermedades como cáncer. Estos conceptos tienen un uso amplio y merecen un estudio por parte de usted.

Por Jasmina Kovacev, BSc

Hola Gary,

Mi cliente tenía cáncer de intestino que había sido extirpado quirúrgicamente y los médicos deseaban que tomara 9 meses de quimioterapia, a lo cual ella se rehusó. Un análisis por ecografía antes de la cirugía mostró algo en su hígado y se le dijo que si era canceroso, ella sólo tendría el 10% de probabilidades de sobrevivir. Si no lo fuera, entonces no habría problema, en particular si tomaba la quimioterapia como una opción.

Cuando ella vino a mí, padecía de mucho dolor en el área del hígado. Lo primero que hago siempre cuando tengo clientes con una enfermedad crónica, es saber qué tanto creen en que serán sanados, y muchas cuestiones clave se derivan de su respuesta.

Quedé muy sorprendida cuando Mary (nombre que no es real por razones de privacidad) me comentó que su nivel de certidumbre para sobreponerse al cáncer era de 10 sobre 10. Yo estaba segura de que todo lo que surgió en nuestra conversación y, en particular las predicciones de los médicos, dejaría grandes cicatrices en sus procesos mentales. Para mí, no era posible que tuviera una certidumbre de 10.

Comencé a preguntarle por su motivación de sobreponerse al cáncer y para vivir. Mary es una madre soltera y tiene 3 hijos pequeños, el menor de 3 años; sólo al identificar la motivación para desear vivir, fui capaz de comprender su nivel real de convencimiento.

Le pedí que imaginara que no tuviera hijos, y después me dijera cuál sería su certidumbre de superar ese cáncer. Con gran sorpresa, incluso para ella, su nivel era sólo de 2.

Además de lo que los médicos le dijeron, ella tenía muchos otros problemas, como «yo no merezco vivir», «no valgo la pena», y muchos otros conflictos de la infancia que requerían eliminarse.

Esto me brindó una gran lección para poner atención con cada cliente y no confiar en su nivel de certidumbre sin verificar primero su nivel de motivación.

El segundo gran AJÁ con la misma cliente fue que ella no necesitaba tener obligadamente un gran trauma emocional que provocara el cáncer, aunque mi experiencia pasada me decía que siempre había uno, y que era relativamente fácil encontrarlo.

Sucedió que vi la película El Secreto al mismo tiempo en que tenía sesiones con Mary. Como no fui capaz de encontrar eventos importantes en su vida que hubieran sucedido antes de su enfermedad, probé con preguntas de todo tipo. Cuando pregunté qué podría ser peor que el cáncer, no pude creer lo que ella decía cuando me contestó: «Trabajar tanto como lo hacía antes de contraer el cáncer».

No sólo fue el problema secundario el que surgió y la mantendría allí, sino que yo también creía que ésa era la causa de su mal.

Le pregunté un poco más y me pareció como la escena del genio en la película El Secreto, y sus palabras: «Tus deseos son órdenes». Mary me contó que recuerda claramente que estaba sentada en el jardín de su casa, exhausta después de todo un día de jardinería (su profesión), viendo el nítido cielo estrellado y pidiendo desesperadamente que todo esto se detuviera a toda costa, sólo se detuviera, todo el trabajo pesado, todo agotamiento.

Y después de unas cuantas semanas se le diagnosticó cáncer de intestino; realmente suena como «Tus deseos son órdenes». Pero no recibió una respuesta a su solicitud, sino que más bien parecía un gran error.

No incluyo aquí las frases preparatorias porque se llevaría páginas y páginas, pero tuvimos que reestructurar su problema secundario y encontrar soluciones diferentes para que ella se sintiera segura siendo saludable y sabiendo que podía organizar su vida de una manera diferente y disfrutarla mucho más.

Incluyo aquí su testimonio.

«Las sesiones me ayudaron mucho con el dolor; incluso en la primera sesión, el dolor en el área del hígado disminuyó bastante. He experimentado un cambio radical: soy mucho más feliz y libre. Lo mejor que me sucedió es que fui capaz de liberarme de eventos y creencias pasados que me estaban afectando, y yo seguía sin percatarme de ello. Por primera vez en mi vida, me sentí libre.

«En relación con el cáncer directamente, dejé de sentirme temerosa. Nuestras sesiones comenzaron un mes después de la cirugía y de la orden de recibir quimioterapia, que yo rechacé, y en un periodo muy corto me notificaron que yo estaba libre de cáncer. No puedo decir con exactitud cuánto contribuyeron nuestras sesiones a lograrlo, pero yo siento que en verdad desempeñaron un papel importante.»

Jasmina Kovacev, BSc

Traducido por Ricardo Viesca «Escribir a Ricardo»:mailto:[email protected]