Una joven pianista tiene miedo escénico y le preocupa que afectará su actuación en su concierto de diplomado. Investigación lo relaciona con tener vergüenza por tener que actuar delante de amigos cuando era niña. Imaginería la ayuda a salir al escenario sin nervios.

por Ida Kiss

La semana pasada me buscaba por mail una joven pianista italiana, Giulietta (no es su verdadero nombre), que está terminando sus estudios de posgraduado en el extranjero. Le tenía terror al concierto de diplomado, al cual se esperaba la llegada de su madre.

Durante los dos últimos años Giulietta tuvo tendinitis (síntoma típico de estrés en músicos instrumentalistas), además, tomó psicofármacos por depresión. Ésta última es bastante frecuente entre personas que están en el extranjero.

Trabajamos una hora por Skype. Anteriormente le envié enlaces a terapeutas italianos de EFT, para saber de qué se trata, y que viese los dibujos sobre los puntos de tapping. Lo hizo así. Al empezar, le expliqué que se trata de la combinación de psicoterapia con fisioterapia (el “tapping” es una terapia física, no es cierto?). Empezamos. Conversábamos en castellano, y le pedí que dijese las frases en italiano. Así lo hizo.

Primero localizamos los síntomas físicos. Tenía tensión, y la sensación de escalofríos en la espalda, 4 en la escala subjetiva de SUDS. Con dos rondas de tapping se acabó la tensión, y pasó al estómago. El “trampo”, o sea, apretón en el estómago tenía un valor alto: 8. Hicimos una ronda, y bajó a 6.

Le pregunté, cuándo le dio por primera vez el pánico escénico. Giulietta se acordó inmediatamente. Cuando tenía 6 años, en una fiesta familiar tocó el piano una chica exuberante. Entonces, los padres le pidieron a Giulietta que cantara algo delante de los huéspedes. Eso le dio mucha vergüenza – 8. Ella era tímida. Hicimos tapping sobre esta sensación, que es la misma que tiene al tocar el piano. Después de dos rondas de tapping la vergüenza desapareció, y tomó su lugar la soledad.

Por asociación, Giulietta recordó que ella siente el mismo nudo en el estómago cuando toca, y cuando tiene que volver a su casa natal. Me contó que es hija única, y sus padres son muy peleadores, siempre lo han sido. No pelean con ella, sino entre ellos. Al parecer, ella nunca recibió la atención cariñosa que todos los niños necesitan tanto.

“Siento impotencia, frustración porque no me dejan ser feliz” – dijo ella. Y después de otra ronda de tapping quedó en silencio por un momento y dijo: “¡Tengo rabia! ¡Eso es! Vivo mi vida fuera de la familia, y eso me da mucha rabia – hasta tengo los puños apretados.”

La rabia está en el fondo de muchas otras emociones. Tristeza, vergüenza y otras sirven para ocultar esta emoción muy fuerte, y muy prohibida, especialmente para mujeres. Una buena niña es dulce, y nunca debe tener emociones fuertes, salvo el amor…

Durante las rondas de tapping le pedí a Giulietta que se imagínese entrando en la sala de concierto, viese el público, escuchase los susurros y el silencio, sintiese las miradas del público. Chequeábamos su tensión nerviosa, y el nivel del apretón del estómago constantemente.

Al final, Giulietta ya no tuvo tensión y apretón alguna al imaginar los primeros momentos del concierto.

Hoy llegó esta carta, que comparto con Ustedes:

“Querida Ida

Acabé el concierto hace una horita, ha ido muy bien, estoy muy feliz. He podido controlar mis nervios y concentrarme en la música sin dejar los pensamientos malos entrar en mi cabeza. Muchísimas gracias por haberme ayudado, practiqué el tapping todos los días y parece que conmigo funciona muy bien!

Grazie mille

Giulietta”