En su libro, “Recuentos para Demian”, Jorge Bucay narra el cuento del elefante encadenado.  Antes, podías ver en los circos a un enorme elefante atado de una pata a una estaca con una delgada cadena. Aunque seguramente, con un pequeño jalón de su pata podría soltarse, el animal no hace nada, ya que “sabe” que es inútil hacerlo.  ¿No te parece ridículo, como este animal, el más grande mamífero terrestre no sea capaz de arrancar esa cadena y huir?

¿Por qué no huye?  La respuesta es que cuando el elefante era pequeño, fue encadenado a una estaca y por más que empujó, tiró e intentó con todas sus pequeñas fuerzas zafarse, no pudo. Día tras día, lucha por soltarse en vano, hasta que se da por vencido y se resigna a su suerte.

Este poderoso animal, está convencido de que haga lo que haga, no puede zafarse y nunca podrá.  Aun cuando ha intentado mil y un formas para escapar de su atadura, cada vez que lo intenta, siente esa misma impotencia, desaliento, desesperanza, frustración, tristeza, enojo.  Su mente registra cada uno de todos esos actos fallidos y acaba por convencerlo de su incapacidad. En el fondo de su mente, queda registrado que no importa lo que haga, nunca lo logrará.  Y lo peor, es que jamás vuelve a intentar soltarse. ¿para qué?

Así, es como vivimos. Creyendo en un montón de cosas que cuando fuimos niños, no pudimos hacer porque no éramos lo suficientemente grandes, o fuertes, o rápidos o ágiles. Aun cuando intentamos, probamos y nos esforzamos todo lo que pudimos, no alcanzamos a meter el gol, a ganar la carrera, pasar la pelota, pegarle con fuerza al espiro, al balón o a la raqueta.  Entonces, esos recuerdos de tantos intentos fallidos con todas las emociones asociadas como la impotencia, frustración, desaliento, desesperanza, tristeza y enojo, quedaron grabadas en nuestra memoria y nos convencieron de que “no importa lo que haga, nunca logro… pasar la bola…  meter el gol, ganar la carrera” y creímos ser incapaces, un “loser”, perdedor, fracasado, malo en… y se siguen manifestando cuando no alcanzamos lo que deseamos como el amor, las matemáticas, los negocios, los deportes, las finanzas, etc.

Al menos eso es lo que le paso a Ana (no es su nombre real) cuando vino a verme a la consulta, frustrada y fastidiada pues lleva varios años intentando consolidar su negocio de masajes y aunque tiene varios clientes no logra dar el salto y sentirse segura y satisfecha.

Estando en primaria entre los 8-10 años, cada vez que le tocaba hacer deportes, no importara lo que se esforzara, la fuerza con que corriera, aventara la pelota o le pegara al espiro, no conseguía que pasara de unos cuantos metros, jamás consiguió que le dieran un pase, meter una canasta o quitarle la pelota a su compañera, ganar una partida de espiro, o lograr pasar la pelota de volley al otro lado de la red.  ¡Vaya que lo intentó y se esforzó! Hasta que desalentada se convenció de que era pésima para los deportes y desde ese día, en que perdieron el partido de volley porque no pudo pasar la pelota al lado de la red, aborreció los deportes.

Al igual que el elefantito, aprendió que no importara lo que se esforzara, nunca lo conseguiría, nunca ganaría, nunca podría…ganar la competencia, partida, juego o lo que fuera.  Por lo cual nunca jamás tomó ningún otro riesgo y formó la creencia de que era pésima para los deportes y la peor de todas, “no importa lo que hagas, nunca lo lograrás”.

¿Alguna vez has anhelado algo que otras personas han conseguido y pensado que eso no funciona para ti? Ese anhelo fallido puede ser muy doloroso y desalentador.

Una vez que nuestro cerebro está seguro que no podemos llegar allí, nos sentimos como un niño mirando a través de la vitrina sin atreverse a entrar, incapaz de entrar nunca podrá visitar. Incluso construimos esa sensación de fracaso en nuestra identidad, e inventamos razones reales por las que no podemos …

EFT-Tapping nos ayuda a neutralizar los sentimientos impotencia para volver a intentarlo y modificar suavemente y formar otra percepción que nos abra el abanico de posibilidades que antes estaban ocultas.

Esta es una de las rondas que hizo Ana, para romper la cadena que sentía que la sujetaba para lograr lo que quería.

Lo primero que le pedí fue que se enfocara en Enfócate en algo que quería y no había podido conseguir.

Ella le preguntó a su mente «¿Por qué no puedo tener eso …?  le llegaron un sinnúmero de razones las cuales anotamos, incluso aquellas que esas respuestas que “sabía” que no eran verdaderas, o parecían no tener relación, por ejemplo:

No me atrevo, no me ven, soy demasiado chiquita, paso desapercibida, no me escuchan, no tengo fuerzas, ya lo intenté demasiadas veces sin resultados…

Ella se dio cuenta que todas esas “razones” eran las muchas cadenas que la seguían atando al lugar dónde estaba actualmente, vinculadas a esas memorias de cuando estaba en deportes y en las que se convenció al igual que el elefantito de que no era capaz de conseguir hacer un buen saque y creer que no servía para hacer deporte y no era buena para nada.

Ella se dio cuenta de que cada vez que intentaba hacer algo nuevo y no sucedía lo que esperaba, se sentía enojada, frustrada, cansada, desalentada, desesperanzada, fracasada y triste.

(Medimos la intensidad de cada uno de estos sentimientos y se dio cuenta que lo que más le molestaba era la frustración y el enojo así que comenzamos por ahí y seguimos)

Aunque estoy convencida de que no importa lo que haga nunca va a suceder, me amo y acepto completamente. 

A pesar de que me siento igual que el elefantito, encadenada e impotente para romper esta cadena de intentos fallidos y soltarme, estoy en el proceso de cambiar mi condicionamiento.

Elijo reclamar mi libertad y mi poder ahora. Elijo hacer uso de todos mis recursos. Aunque cada vez que lo intento, tengo miedo de fracasar otra vez y estoy convencida de que así es, elijo jalar de la cadena y romperla.

 Ya no soy un elefantito, ya soy una elefante, grande y poderosa.

Coronilla: Este miedo de fracasar, desde que era una niña

Ceja: Me siento impotente y sin esperanza

Lado del Ojo: Me siento cansada, desalentada, fracasada

Bajo el Ojo: ya no quiero volverlo a intentar

Bajo la Nariz: Prefiero no moverme

labios:  no logro lo que quiero

Clavícula: Este patrón de miedo me tiene atada

Bajo el brazo:  quiero cambiarlo

Coronilla: Este enojo,

Ceja:  me enoja no lograrlo

Lado del Ojo: creía que sí podía

Bajo el Ojo: pero tengo la creencia de que haga lo que haga nunca lo lograré 

Bajo la Nariz: ahora me doy cuenta de que esto ya lo viví cuando era niña 

Labios: Este enojo

Clavícula: frustración

Bajo el brazo: cansancio

Coronilla: Elijo ir y hacer lo que yo quiero

Ceja: ¡Tengo más poder del que tenía a los 2, 3 o 4 años!

Lado del Ojo: puedo zafarme

Bajo el Ojo: no tengo que seguir atada al lugar de siempre.

Bajo la Nariz:  Ya no soy un elefantito

Bajo boca: puedo liberarme de esta estaca

Clavícula: Elijo arrancarme la cadena que me ata

Bajo el brazo: elijo jalar mi pata y soltarme, es seguro hacerlo, puedo hacerlo

Conforme fueron apareciendo otros aspectos e imágenes específicas fuimos trabajando con con cada uno de ellos hasta que logró bajarlos todos.

Al final hicimos esta ronda:

Punto Karate: Aunque creo firmemente que no funcionará para mí, ¿qué pasaría si pudiera encontrar una manera de lograrlo? A pesar de que sé que nunca funcionará para mí, ¿qué pasaría si realmente sucede? A pesar de que he creído por mucho tiempo que esto funciona para mí ¿qué pasaría si jalo esta estaca y observo qué sucede?

Puntos:

Coronilla: No funcionará para mí.

Ceja: ¡Nunca me ha pasado!

Lado del Ojo: ¡No puedo hacerlo!

Bajo el Ojo: ¡ya lo intenté varias veces y fracasé!

Bajo la nariz: igual que el elefantito

Bajo boca: me siento igual que ese bebé elefante,

Clavícula: ya me cansé de intentar y fracasar

Bajo el brazo: me siento frustrada y desalentada

Coronilla: ¿Qué pasaría si lo intento de nuevo?

Ceja: ¿Qué pasaría si esta vez puedo soltarme?

Lado del Ojo: ¿Qué pasaría si esta vez si funciona?

Bajo el Ojo: No, no quiero fracasar de nuevo.

Bajo la nariz: Estoy harta de intentarlo y fracasar

Bajo boca: Me siento congelada y sin esperanza.

Clavícula: impotente y miserable.

Bajo el brazo: ¿Qué pasaría si suelto esa sensación?

Coronilla: Me permito sentirme más poderosa

Ceja: Me permito sentir curiosidad.

Lado del Ojo: Si pudiera llegar a donde quiero …

Bajo el Ojo: Cómo me gustaría lograrlo

Bajo la nariz: Ahora me doy cuenta

Bajo boca: ya crecí

Clavícula: ya no soy como el elefantito, ahora soy una elefante grande y fuerte

Bajo el brazo: Ahora puedo jalar mi pata y arrancar esta cadenita sin esfuerzo, estoy libre

Ana comenzó a sentirse mejor.  Dejamos que esa sensación penetrara dentro y sintiera la fuerza y el poder de ser alguien grande y fuerte. Imaginó como con un suave jalón, arrancaba la cadena e iba hacia donde quería sin expectativas y abierta a cualquier resultado para conseguir sus metas.