¡¡Sencillamente no podía bailar con Gary!!

Hola a Todos / Todas

Nuestro reciente taller sobre ‘Beneficios Compartidos’ en Flagstaff, AZ superó con creces todas mis expectativas. Aunque queda mucho por hacer para refinar el proceso, el número de EVENTOS ESPECÍFICOS que fueron substancialmente aliviados por los miembros del público fue impresionante, se mida como se mida. Superó por mucho los 1.000.

Uno de los momentos a destacar para mí fue una sesión que tuve sobre el escenario con LaVern Williams sobre su resistencia/inhabilidad para bailar conmigo. Durante los descansos a veces bailo con las participantes femeninas (ponemos música durante los descansos) y, cuando le pedí a LaVern que bailara conmigo… se congeló. Aunque se suponía que nuestra sesión sobre el escenario era sobre el baile, se trataron muchos otros aspectos sobre la auto-confianza.

LaVern cuenta esta experiencia en una carta dirigida a Betty Moore-Hafter para su publicación en la lista popular de Betty sobre EFT.

Las siguientes declaraciones sacadas de su artículo nos dan una pista sobre el gran abanico de beneficios que obtuvo LaVern…

‘…el principal resultado es una confianza tranquila y certeza de propósito…’

y

‘A partir de esta sensación de estar centrada, tranquilamente organicé mi debut como terapeuta de EFT. Durante años he estado fascinada por las técnicas de mente/cuerpo, pero nunca me había podido visualizar en el campo como una profesional – echando la vista atrás, veo que necesitaba sanar mis propias heridas, y ¡vaya si se han sanado!

Por LaVern William

Querida Betty,

Aquí tienes mi relato sobre Flagstaff; es muy largo, tómate la libertad de editar cuanto quieras, y compartir con tu grupo lo que te parezca bien…

Yo también tuve la experiencia de una profunda sanación de por lo menos un problema raíz en mi visita a Flagstaff. Sigo encontrando partes nuevamente sanadas según me voy integrando de nuevo en mi vida cotidiana; el principal resultado es una confianza tranquila y certeza de propósito, mientras que antes de Flagstaff habría dudado, teniendo que filtrar una serie de dudas, y quizás posponiendo acción hasta un futuro momento ‘mejor’.

Una breve (¡!) resumen de mi experiencia en Flagstaff: Originalmente iba a trabajar con Gary sobre el escenario con una fobia hacia las abejas e insectos, y encontré otros aspectos sobre los que ‘compartir beneficios’ también tal como esperaba. No estaba en un 10 en ninguno de ellos, pero soy una maestra suprema en el arte de suprimir mis sentimientos, así que sospecho que estaba ocurriendo mucha más sanación detrás del escenario de la que era consciente.

Sentí una creciente sensación de paz interior, tranquilidad y anhelos de estar al exterior en comunión con la naturaleza, según progresaba la conferencia. A menudo salía al sol durante los descansos y simplemente miraba los jardines del hotel. Aunque no había hecho ningún trabajo sobre la fobia de las abejas e insectos, no me preocupaba demasiado por ello – ¿quizás había suficiente en común con mis otros temas, que ésta se derrumbó parcialmente?

Entonces ocurrió lo que ha resultado ser un momento crucial en mi vida: durante los descansos se tocaba música, y cuando era música de sala de baile, Gary, maravilloso bailarín que es, bailaba con algunas de las mujeres. Era precioso; en un momento determinado parecía que la cálida luz de una vela rodeaba a Gary y los bailarines, como si estuvieran en un mundo tri-dimensional vibrante y encantador mientras que el resto del aula de conferencias estaba iluminada con luz artificial, bi-dimensional, y no muy atractiva.

Gary me miró y con los ojos me invitó a bailar con él. Imagina un ciervo delante de los faros de un coche. Un conejo petrificado al ver un halcón. Sentí una combinación de terror paralizante, profunda tristeza y añoranza. Un importante provocador. Simplemente no podía bailar con Gary – y siguió intentando llamar mi atención. Finalmente conseguí negar con la cabeza y Gary siguió con su siguiente pareja. Después de conseguir controlarme (llorar en público no es una ocurrencia habitual para mi, aunque no lo imaginarías si me vieses el último día de la conferencia…), hablé con Gary en el siguiente descanso para asegurarme que comprendía que el no bailar con él era problema mío y no le rechazaba a él. Decidimos dejar a un lado la fobia de las abejas y tratar con el ‘trauma del baile’.

Cuando llegó el momento de mi sesión individual con Gary sobre el escenario, estaba sorprendida de no sentir miedo al escenario, aunque nunca he estado delante de tantas personas antes. Quizás mi creciente tranquilidad y sensación de paz de los últimos tres días de la conferencia habían sanado lo que podría provocar miedo al escenario; sí que expresé miedo al escenario cuando hablé con Gary por teléfono antes de la conferencia.

El tiempo que pasé con Gary sobre el escenario es extremadamente surrealista; recuerdo instantáneas congeladas, y pequeñas viñetas, pero está muy confuso. Será fascinante observar la experiencia a través de las lentes de la cámara cuando salgan los vídeos de la conferencia. En esencia, Gary me llevó de la mano por una asombrosa y sanadora experiencia de baile. En el pasado cuando he intentado bailar, casi inevitablemente terminaba mal y conté algunos de esos incidentes en el escenario.

Entonces Gary me animó a bailar con él, pasito a pasito, con (supongo) mucho tapping. No puedo acceder a ningún recuerdo del tapping mismo, aunque Betty me asegura que sí que hubo. Al final, estaba cómoda, relajada y tranquila bailando con Gary sobre el escenario, ¡delante de más de 150 personas, siendo grabada! Sencillamente NO ME IMPORTABA que la gente pudiera juzgar mi apariencia, mis habilidades para bailar, la medida de mi zapato – lo que fuese. ¡Me lo estaba pasando en grande bailando con Gary, viviendo completamente el momento.

Después de que acabara la conferencia, estaba muy emocionada (un hombre maravilloso cuyo nombre se me escapa simplemente me abrazó mientras me ponía llorosa – si lees esto, hombre maravilloso, ¡quiero que me pidas que baile contigo la próxima vez que nos veamos!) y eufórica también. ¡Y bailé! La sanación continuó camino a casa – sentía una subida de emoción indescriptible, normalmente pena/tristeza, y hacía tapping por la emoción, y se disolvía.

Esto era sanación fantástica por sí sola, pero aún me esperaba otra sorpresa cuando llegué a casa. Estaba emocionalmente agotada, pero de nuevo, me arrullaba la calma y la paz. A partir de esta sensación de estar centrada, tranquilamente organicé mi debut como terapeuta de EFT. Durante años he estado fascinada por las técnicas de mente/cuerpo, pero nunca me había podido visualizar en el campo como una profesional – echando la vista atrás, veo que necesitaba sanar mis propias heridas, y ¡vaya si se han sanado!

El primer paso que tomé fue contactar con un centro de educación para adultos que ofrece cursos divertidos y cortos a la comunidad y propuse dar una clase sobre EFT. Estuvieron conformes, diseñamos una descripción de la clase y estará disponible en su programa este julio o otoño. Realmente no planeé hacer esto – era un paso obvio que dar – estoy buscando otras oportunidades para compartir EFT, investigando otros cursos que aumentarían mi efectividad con EFT, aprendiendo todo lo administrativo que conlleva un negocio, etc. Todo esto con una tranquila certeza que éste es mi camino en la vida. Absolutamente nunca esperaba (ni imaginé) este resultado final cuando me inscribí en la conferencia, y mis temas personales para compartir beneficios no estaban relacionados para nada al uso profesional de EFT.

Para resumir todas estas palabras: no me di cuenta de que estaba tan limitada en mis pensamientos y mi visión de la vida y cuando Gary se acercó a otros problemas raíz de rechazo, desprecio a los ojos de los demás y seguramente algunos otros como buena medida, la sanación resultante y limpieza de los escombros me dio una clara visión de mí misma y la confianza de no solo ver mis metas, sino de perseguirlas metódicamente, hacer lo que haga falta para ponerme a la disposición de aquellos a quienes se supone debo ayudar.

Muchos abrazos

LaVern Williams

Traducido por Vera Malbaski Grau – Escribir a Vera

Deja un comentario