Trabajando con dolor en el brazo después de una caída

María Luisa Maui-Treviño nos relata una encantadora sesión con un niño de 8 años en que el niño entiende por sí solo que su brazo le «seguía doliendo porque no le había pedido perdón.” Escribe a María Luisa.

Por María Luisa Maui-Treviño

Caso de un niño de 8 anos.

Quisiera compartirles este caso, en donde se trabajó un brazo lastimado en un niño. Los resultados fueron muy rápidos y la verdad ni yo lo creía. Una vez más se comprueba cómo los niños y su mentalidad y capacidad de entrega puede hacer cambios sorprendentes.

Kevin en un simpático niño de 8 años, había estado acudiendo  a mi consulta para apoyo escolar y tanto él como su madre estuvieron de acuerdo con que compartiera su caso.

Kevin llegó a tiempo para trabajar, pero me comenta estar indispuesto porque tenía su brazo lastimado. Comentó que se había caído de su patineta hacía 3 días y que no podía mover su brazo.

El niño realizó varios movimientos para mostrarme lo lastimado que se encontraba, y lo adolorido que estaba.

Me contó que lo habían llevado con el médico y que solo estaba lastimado. También me contó que su papá lo había regañado por ser tan exagerado y no haber tenido cuidado. En ese momento pensé en aplicar EFT y le pregunté: ¿Te gustaría que trabajemos con el dolor de tu brazo? Y me contestó con otra pregunta y ojos asombrados. ¿Podemos quitar el dolor?

Muy prudentemente y algo temerosa le contesté: -“Si tú estás de acuerdo… podemos intentarlo…”

“Sí por favor, por favor quiero intentarlo, -me contestó-, no puedo escribir, ni jugar béisbol, ni usar el control del video juego,” y enumeró una serie de actividades en las que el dolor lo había limitado.

Calificó su dolor con un 9 y al hacer ciertos movimientos específicos, con un 10. Iniciamos con la frase de preparación:

A pesar que tengo este dolor en el brazo y no puedo hacer lo que me gusta, amo a mi brazo y me amo a mi mismo.

A pesar de que no puedo mover mi brazo para jugar, amo a mi brazo y me acepto y me quiero completamente.

A pesar de que tengo este dolor tan fuerte en mi brazo me acepto a mi mismo y acepto y amo mi brazo.

Después de dos rondas de tapping menciona que su papá lo regañó y que se sintió molesto. Logramos detectar que aunque estaba molesto con su padre, estaba más molesto con su brazo por haberse lastimado. Intentamos con la frase:

A pesar de que estoy molesto con mi papá y con mi brazo por lo ocurrido, me quiero a mi mismo.</em>

Y él completo la frase… <em>y quiero a mi brazo y a mi papá.

Mientras realizamos las rondas de tapping pude notar que Kevin movía su brazo para hacer tapping en su cabeza y que su movimiento era mas ágil y no expresaba dolor…

Después de dos rondas logra descifrar que la molestia de su papá es una muestra de preocupación y afecto. “Mi papá está molesto porque no le gusta verme lastimado, se preocupa por mi y no sabe cómo expresarlo”. Utilizamos las siguientes frases:

A pesar de que mi papá parecía estar molesto conmigo…mi papá me ama.

A pesar de que parece que estoy molesto con mi brazo…amo a mi brazo…

Durante cada punto de tapping las frases eran muy parecidas:

Este dolor en mi brazo.

No puedo jugar béisbol.

No puedo usar los videojuegos.

Me duele mi brazo.

Estoy molesto con mi papá

Estoy molesto con mi brazo.

Y poco a poco intercalamos frases positivas

Amo a mi brazo.

Mi papá me ama.

Repentinamente me dice: quiero pedirle perdón a mi brazo porque no lo cuidé, por haberlo lastimado, porque le caí encima y “lo apachurré.” Hicimos una ronda de tapping pidiéndole perdón al brazo y una más de agradecimiento:

Por ser un buen brazo,

por todo lo que hace por mi y yo no había valorado…

gracias a mi brazo puedo escribir, jugar, moverme, abrazar, etc.

Al volver a evaluar la intensidad del dolor, muy emocionado dice que se ha disminuido a un 2, hace varios movimientos probando su brazo y le sugiero que llevemos a cero el dolor.

Lo que queda de dolor

Lo poco que queda de dolor

Completamos una ronda completa con el 9 gama y volvemos a escanear el dolor.

Se pone de pie, le pido que tenga cuidado y no sea muy brusco, pero él está tan entusiasmado comprobando que puede mover el brazo en todas direcciones y que su dolor desapareció, que su entusiasmo es contagioso.  Abre la puerta y le llama a su mamá para mostrarle que podía moverse normalmente y que ya no le dolía nada.

Y resumió su sesión diciendo: “ya entendí que el brazo me seguía doliendo porque no le había pedido perdón.”

Esta es la magia de EFT.

María Luisa Maui-Treviño