El siguiente caso resumido por Raul Vergini, MD, de Italia, ilustra dos puntos importantes: (1) EFT suele sacar a la superficie emociones más profundas, para que el trabajo resulte de mayor calidad y (2) formular de forma enfática «lo que sientes» en la frase de preparación de EFT puede proporcionar resultados en un punto en el que, de otro modo, podrías haberte encallado.

Por Raul Vergini, MD

Hace algunos días, tuve una hermosa demostración de la importancia de emplear la “formulación” correcta en la frase de preparación de EFT. La expongo a continuación, pues creo que os podría interesar.

Vi a una mujer que había padecido una alopecia (pérdida de cabello) completa durante 20 años. Al preguntarle por las posibles cuestiones emocionales subyacentes a dicho problema, me contó que ella y su marido vivían con su suegro. Ella se sentía muy enfadada y humillada cuando su suegro le decía que no la quería en casa en ese estado (sin pelo). Llegó a ofrecerle dinero para que se marchara. Por supuesto, ella no se marchó, pero su relación con sus suegros siguió siendo tensa.

Trabajamos dicha rabia con EFT y bajó fácilmente de 6 a 0. Entonces, me comentó que estaba surgiendo una nueva emoción de rabia y humillación, de la que no se había dado cuenta previamente.

COMENTARIO DE GC: Esta «nueva emoción» suele darse con EFT, porque al despejar las emociones superficiales permite que surjan otras más profundas.

EL DR. VERGINI CONTINÚA: También estaba muy enfadada con su marido, por ponerse «del lado de su padre» (no le había pedido que se marchara, pero le había comentado que no le hacía nada feliz tener una esposa sin cabello). Su rabia era entonces de un 8. La trabajamos empleando la siguiente frase de preparación, «Aunque mi marido, hace 20 años, me dijo…».

Bajó a 6 tras una ronda de EFT. Entonces hicimos algunas rondas más con la frase recordatoria «rabia restante», sin obtener resultados. Todavía estaba en un 6. Lo intentamos con el enfoque de la humillación, pero seguía estando en un 6. Le pregunté si estaba surgiendo algún otro aspecto, pero me dijo que no.

Así que le comenté que tal vez había algo malo con la forma en la que decíamos la frase de preparación. Le pedí que tuviera en cuenta que hay que decir lo que se siente, no utilizar palabras “educadas” si lo que pensamos no lo es. Lo comprendió y cambió su frase preparatoria de la forma siguiente:…

«Aunque el muy hijo de p*, hace 20 años, me dijo…». ¡Bingo!

Tras una secuencia abreviada (de la ceja a debajo del brazo), su intensidad bajó a 2 y con otra ronda, a 0.

Fue una gran satisfacción y resultó una gran lección. A veces hay que decir las cosas «tal como son», con nuestras propias palabras.

Raul Vergini, MD

Italia

Traducido por Eva Llobet Martí

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