Una historia conmovedora que acaba en la resolución de un cáncer de pecho – AHEFT

AHEFT

Publicado: febrero 22, 2021

En este interesante artículo, Deborah Miller de Méjico combina consuelo y compasión con creatividad para ayudar a su cliente con una preocupación por un cáncer. Se trata de una bonita historia que conecta un trauma infantil con una enfermedad actual. Contiene muchas lecciones para todos.

Por Deborah Miller, PhD, EFT-CC

Elia me pidió que hiciéramos EFT porque le preocupaba que el cáncer que había padecido hubiera vuelto. Unos días antes, había sentido molestias en el pecho izquierdo (no es el que había perdido por culpa del cáncer 2 años atrás). Estaba preocupada, por lo que fue al doctor y cuando éste tocó la zona blanda dijo que había algo allí. Naturalmente, este comentario sumió a Elia en un estado de miedo y pánico. No tenía programada ninguna radiografía hasta pasados 3 meses, pero pidió que se la hicieran lo antes posible.

La mañana del día que tenía que hacerse la radiografía nos reunimos para hacer tapping. Sentí que debía pedirle que incluyéramos a su niña interior. La llamamos pequeña Elia. Le pedí a Elia que la invitara a hacer tapping con nosotras, a compartir sus preocupaciones y necesidades y que sintiera que el EFT también era para ella. Empezamos a hacer tapping e inmediatamente Elia empezó a llorar diciendo que la pequeña Elia nunca había tenido una muñeca. Siempre se ha sentido asustada y sola. De pequeña la enviaron fuera porque sus padres no tenían suficiente dinero para mantener a toda la familia. Entonces Elia tenía sólo 7 años.

Se sentía sola, a pesar de que vivía con su tía y su tío. No entendía por qué la habían enviado fuera y nadie se lo explicó. Recuerda que tenía que ser fuerte y capaz todo el tiempo y que no podía llorar. Recuerda que ocultó la primera vez que le vino el período (a los 9 años) por vergüenza, porque nadie le había explicado lo que era o que no estaba enferma.

Además, le dijeron que su padre había tenido un accidente, aunque en realidad había fallecido. Volvió a casa pensando que estaba enfermo y se lo encontró en un ataúd. Debió de ser realmente horrible para una niña presenciarlo sin ningún tipo de explicación. Hicimos _tapping_.

Le pregunté qué pensaba y sentía la pequeña Elia. Sentía miedo. Le pregunté cómo era ese miedo y me dijo que era pesado. Le pregunté dónde estaba situado y me dijo que en el pecho, el pecho de la pequeña Elia. Sentía que había algo muy dentro del pecho que había perdido. Una herida. Hmmm. Cáncer de pecho – pena acumulada en su pecho. Continuamos haciendo _tapping_.

Entonces recordó el momento en que le había contado a su madre que su novio iba a pedir su mano. Su madre la golpeó en el pecho y ella recordó lo mucho que le había sorprendido que su madre no se alegrara por ella. Hicimos más _tapping_. Le pregunté si seguía notando un peso en el pecho. Seguía sintiendo un punto sobresaliente de dolor donde había estado su pecho derecho. Le pregunté a qué le recordaba y dijo que a su primer amor – un joven que murió en un accidente. Hicimos más _tapping_. Le pregunté qué representaba el miedo y dijo que miedo a la pérdida. Todo en su vida estaba relacionado con la pérdida: tener que dejar su hogar primero, su padre después, su primer novio. Llegados a este punto, ya no quedaba dolor.

Le pedí que preguntara a la pequeña Elia qué era lo que siempre había querido pero que nunca había tenido. Me dijo que quería una muñeca. Quería participar en el desfile de la escuela. Nunca lo había hecho porque no tenía uniforme. Empezó a trabajar a los 12 años para poder pagar sus gastos. Se graduó a los 14. Para su sorpresa, su familia (tío, madre, etc.) le organizó una fiesta. Todos bailaron menos ella; no se lo permitieron porque todavía no tenía 15 años. Ella quería bailar. La pequeña Elia también quería una rosa de color rosa.

Le dije que la pequeña Elia podía tener lo que quisiera porque estaba en una tierra mágica en la que podía recrear los acontecimientos y podía tener y hacer lo que deseara. Le dije que participara en el desfile de la escuela, que tuviera una muñeca, que bailara. Ella sonrió.

Elia sentía que gran parte de su vida consistía en asegurarse de que sus hijos no recibieran el mismo trato que ella. Entiende que su madre hizo lo que tenía que hacer y que con tantos hijos no fue fácil. Sin embargo, Elia se encontró dando y dando, sin ser nunca capaz de pedir algo para ella misma. Aún ahora le cuesta pedir ayuda.

La pequeña Elia se sintió cómoda llegados a este punto, así que continuamos haciendo _tapping_ en los puntos de EFT, pero empleando frases de la Tecnología del Ojo Rápido relativas a la prevención del cáncer y al cáncer diagnosticado. Elia podía sentir las negativas en su pecho y cómo se liberaban las buenas.

Al final de la sesión había desaparecido todo el dolor de su pecho y de su estómago (náuseas provocadas por los anti inflamatorios). Incluso había desaparecido el punto en el que el médico había «encontrado algo». Siguió buscándolo, pero ya no estaba. Se marchó sintiéndose feliz, ligera y alegre.

Aquella tarde tenía hora para hacerse una radiografía. Tenía visita con el médico dos días más tarde y esperábamos que sorprendiera a los médicos al no aparecer nada en las pruebas.

Seguimiento: hablé con Elia justo después de su visita al médico. Estaba entusiasmada. No había nada en la radiografía. Ni rastro de cáncer. Tenía una ligera inflamación, pero no en el pecho sino alrededor de la costilla y el doctor le dijo que era algo totalmente normal.

No podía parar de abrazarme. Entonces me dijo lo mucho que le gustaba trabajar con la pequeña Elia. Sonrió y me contó lo fantástico que le resultaba a la pequeña Elia pedir lo que quería y con qué rapidez lo obtenía. Recordaréis que pidió una rosa de color rosa. Pues bien, justo el día siguiente su hijo volvió a casa con rosas de ese color para ella. Tenía lágrimas de alegría en los ojos.

Deborah

Traducido por Eva Llobet Martí

   

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