Hola a Todos,

Ann Adams nos da otra perspectiva en el uso de EFT en el centro de residencia para niños Severamente Perturbados Emocionalmente, donde ella trabaja. Este es un caso simple –muy directo y muy obvio –en lo cual se halla su importancia. A menudo, todo lo que tenemos que hacer es lograr que el cliente se haga tapping. Apreciarán la creatividad de Ann respecto a esto.

Por Ann Adams

Gary es otro de nuestros más jóvenes residentes en el centro de niños Severamente Perturbados Emocionalmente, en el cual trabajo. Alto para sus 9 años y muy desgarbado, él prefiere vestir con sus pijamas. Toma su baño y se pone sus pijamas lo más temprano que se permite en su casita. No era raro caminar por su casita a las 6:30 p.m. y verlo ‘listo para la cama’. Pero, para Gary, ¡ponerse sus pijamas no es sinónimo de ir a la cama!

Esta noche lo encontré tendido en el piso de la sala de recreo gritando al máximo de sus pulmones. Me dirigí a la encargada de nuevo personal, quien monitorea a Gary en los recreos y le pregunté cuánto hacía que había estado gritando. Dijo «veinte minutos».

Cerca de una semana antes, llegando a su casita ese jueves a la noche, le había enseñado a Gary la versión corta de EFT. Mi estrategia es enseñar al niño la secuencia y hacer que la practiquen conmigo varias veces. Luego lo guío a que él se la enseñe a alguien más, usando la filosofía de que la mejor manera de aprender algo es enseñándolo. Siempre que sea posible, hago que se lo enseñe a su persona más cercana del personal. (Cada niño está asignado a una persona de la casita como su persona de contacto primario). El niño y su persona de contacto juegan entonces con el ejercicio por un rato.

La mayoría de los niños lo aprenden rápidamente. El objetivo para el personal es ayudar al niño a que recuerde usar el ejercicio la próxima vez en que COMIENCE a estar enfadado. Es importante que el personal intervenga tempranamente. Una vez que el niño ‘se saca’ hay muy pocas posibilidades de intervenir para calmarlo. Como lo señala uno de nuestro equipo: esos chicos tienen un corto circuito entre la calma y la respuesta de lucha-o-huida.

Cuando enseño a los niños, explico que esto es un ejercicio de relajación que puede calmarlos rápidamente. Ninguno de los niños en nuestro centro de tratamiento intermedio llega sabiendo qué tan eficazmente se auto-calman. Nuestro programa de residencia también enseña técnicas tradicionales de relajación y usa todas las tácticas de comportamiento para ayudar a los niños a aprender a controlar y modificar su comportamiento. Pero, hasta EFT, demasiados dejaban el centro sin haber llegado a hacer un buen trabajo de auto-calma.

Así que allí estaba Gary. En el piso. Una pierna en la sala de Recreo –una pierna afuera –gritando al máximo de sus pulmones. Me acerqué hasta donde me viera. Me miró fijamente, todavía gritando. Le devolví la mirada y empecé a hacerme tapping en el borde de mi mano. Para mi gran sorpresa, él alzó su mano y comenzó un tapping, todavía gritando. Le apliqué tapping en los puntos y él continuó, todavía gritando. Hice tapping otra vez en el borde de mi mano y él me siguió con una segunda secuencia, todavía gritando, aunque no tan fuerte esta vez. Así que me animé a sonreírle un poco e hicimos tapping otra vez con la secuencia. La tercera vez es el hechizo y Gary dejó de gritar y me devolvió la sonrisa. No tuvimos que hablarnos.

Un novato del personal me miró y dijo: «¿CÓMO hizo eso?»

Ann Adams, M.S.W.

Traducido por Gustavo A. Fiorentini – Ir a su Sitio WEB

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