Este informe, elaborado por Jayashree Janardhan Ashok de la India, acerca del trabajo con niños en edad escolar seguramente los conmoverá.

Por Jayashree Janardhan Ashok

Dos voluntarias y yo (Chitra, Vinod y yo) hemos estado trabajando en una escuela en las afueras de la ciudad de Bangalore en India, proporcionando sesiones regulares semanales de EFT a niños de familias de escasos recursos. Hemos trabajado con 50 niños de 7º a 10º grados. Para nosotros ha sido una experiencia maravillosa poder trabajar con los niños en una gran variedad de áreas y experimentar la magia de EFT conforme los niños se han abierto y han adquirido más confianza. Hemos encontrado que los niños de 7º grado lo asimilan muy rápidamente. Los niños mayores han necesitado que nosotros seamos más persistentes para que ellos puedan abrirse y explorar.

Hemos usado EFT para ayudarlos a desbloquearse en sus trabajos escolares, para quitar bloqueos relativos a temas de la adolescencia, así como para problemas que ellos estaban enfrentando en sus comunidades e incluso para algunas de sus elecciones de vida. Nuestra presencia constante en la escuela les ha servido como un maravilloso recordatorio —de que pueden empoderarse y liberarse a sí mismos. Muchos niños ahora hacen tapping solos antes de sus pruebas y exámenes. Trabajamos con ellos en sesiones grupales y también hacemos sesiones individuales para sanaciones más profundas.

Con frecuencia yo introduzco un cuento para desarrollar un concepto antes de usar EFT para explorar problemas relacionados con dicho concepto con los niños. Contar cuentos resulta una manera maravillosa para conectarse con los niños y hacer que exploren ávidamente la forma en que problemas similares pueden resolverse en sus propias vidas. Hemos explorado elecciones, amistades, relaciones y empoderamiento a través de estas historias. Después de eso hacemos tapping con incidentes personales relacionados con el concepto tratado.

Una de tales historias que exploramos fue la de “Vuela águila vuela”–un cuento popular africano acerca de un águila que creció con pollitos pertenecientes a un granjero. ¡El águila pensó que era un pollito y olvidó como volar! Se comportaba exactamente igual a los pollitos con los que vivía. Muy temprano una mañana, bajo la insistencia de un amigo del granjero, el águila, frente al sol saliente, súbitamente se dio cuenta de que tenía el poder de volar. ¡Un águila voladora rápidamente cruzó el cielo!

Los niños exploraron áreas en las que se habían bloqueado. Mediante EFT, muy pronto los niños estaban haciendo tapping para correr más rápido, para pintar, danzar y cantar –explorando áreas en donde se sentían bloqueados en sus vidas.

Esa misma mañana, la directora de la escuela se me acercó para tratar un problema específico. Dos de los niños habían sido atrapados robando en la clase. Me pidió que trabajara con ellos. Ambos niños, Vinay y Vikas, vinieron conmigo junto con la directora —realmente asustados. Gentilmente los tomé de la mano asegurándoles que estarían bien. Con su permiso, decidí que haríamos tapping en el techo del edificio —lejos de los ojos curiosos de sus amigos en esta populosa escuela.

Conforme empezamos, le pregunté a Vinay que cuál era el problema —él me dijo que todos lo habían acusado de robar cuando él realmente no lo había hecho. Vikas mencionó que a él lo habían culpado por ser amigo de Vinay. Vinay estaba ansioso y yo podía ver sus manos temblando de miedo. Su cuerpo estaba tenso y su rostro lleno de temor. Le pregunté: ¿Qué estás sintiendo ahora? Permaneció callado. Le pregunté que si estaba triste por ser culpado aun cuando no lo había hecho, o temeroso por haberlo hecho —temiendo las consecuencias. Rápidamente me contestó que estaba muy triste dado que lo culpaban y no lo había hecho. Le dije que no se preocupara —simplemente podíamos liberar la tristeza. Pareció más tranquilo de que yo no indagara más. Él mencionó que su nivel de intensidad era de 8 en una escala de 10. Hicimos tapping juntos –

«Aun cuando me siento muy triste —me están culpando y yo no robé, me amo y acepto completamente». Tan pronto terminamos la ronda él confesó haber robado y estaba aterrorizado. Me miró y mencionó temer ser golpeado.

Empezamos a hacer tapping con su miedo. «Aun cuando tengo mucho miedo de recibir una golpiza, me amo y acepto completamente».

Su miedo no disminuyó.

Suavemente le pregunté lo que pensaba de sí mismo. Dijo estar avergonzado por robar. Hablamos de las elecciones erradas que hacemos en la vida. Dijo que se sintió tentado y robó —era un niño malo. Respondí diciéndole que tal vez su elección había sido mala —pero que eso no lo convertía en un niño malo. En una de nuestras clases previas habíamos explorado las elecciones que hacemos en la vida —en dicha clase llegamos a la conclusión de que no hay gente mala —sólo malas decisiones. Le recordé la lección que habíamos explorado juntos. Le pregunté que si creía poder perdonarse a sí mismo por el error cometido. Me preguntó lo que significaba el perdón. Le expliqué que tal vez significa ser responsable por su elección, soltar la culpa de su cuerpo y luego tomar una acción apropiada hacia la escuela. Puede aprender a confiar en sí mismo nuevamente. Se quedó en silencio un rato reflexionando acerca de lo que yo había dicho.

Justo entonces, dos águilas empezaron a volar por encima de nuestras cabezas. Rápidamente apunté hacia ellas y dije —“tú también puedes elegir ser un águila”. Asintió y dijo estar dispuesto a tratar.

«Aun cuando caí en la tentación y tomé la mala elección de robar, sigo siendo un gran chico”. Unas cuantas rondas con esto y él pudo aceptar sus errores con más facilidad. Le pregunté qué más estaba sintiendo. Mencionó estar realmente atemorizado de ser golpeado por la directora. Le pedí que cerrara sus ojos y me dijera qué imagen veía —dijo que podía ver a la directora golpeándolo.

Hicimos tapping con esto: “Aun cuando puedo ver a la directora golpeándome, me amo y acepto a mí mismo”. Le pedí que revisara su imagen nuevamente. Esta vez dijo que podía verse hablando con la directora sin que ella lo golpeara. Todavía sentía algo de miedo. Hicimos un par de rondas más y pude verlo relajarse. Sus hombros se relajaron y empezaba a sonreir. Se levantó y dijo que quería ver a la directora antes de que se retirara a su casa ese día. Conforme empezamos a descender, un águila súbitamente viró y voló justo por encima de nuestras cabezas. ¡Fue realmente mágico! Lo disfrutamos en silencio. Las palabras no fueron necesarias.

Bajamos las escaleras y él fue directamente a la oficina de la directora a disculparse —asumiendo completa responsabilidad. La directora, aun enojada, le preguntó severamente si lo iba a volver a hacer. Él dijo que nunca más y salió de ahí. Suavemente le pedí a la directora que confiara un poco más en él, y comenté acerca de cómo un poco de confianza puede llegar muy lejos. La directora volvió a llamarlo y esta vez menos enojada le dijo que esperaba que él cambiara sus hábitos. Él estaba contento de verla menos enojada. Cuando salía recibí mi mayor recompensa —una enorme sonrisa llena de esperanza.

Jayashree Janardhan Ashok

Traducido por Ana Paula Aguirre Hall – Escribir a Ana Paula