Un caso simple de fobia a los ascensores - AHEFT

A continuación, os muestro una de nuestras sorprendentes historias que duran un minuto, relacionada con el tema de la fobia al ascensor. Gracias a Joan Hitlin por facilitárnosla. Un abrazo
Hola Gary,

Me telefoneó un hombre para concertar una única cita porque quería aprender alguna técnica para poder utilizar el ascensor de su casa, sin compañía. No le conocía en absoluto.

Trabajo en la tercera planta de un edificio convertido en espacios comerciales y en este caso, el tercer piso es como el quinto de un edificio normal, en cuanto a número de escaleras se refiere. El único ascensor, enorme, chirriante, que funciona mediante un mecanismo manual, y que parece como si te metieras dentro de una gran máquina. (El edificio anteriormente era una planta donde se fabricaban coches y el ascensor se utilizaba para transportar los coches de arriba a abajo).

Cuando recibo a un cliente nuevo, normalmente bajo a la primera planta y les hago subir por las escaleras (para aquellos que quieran perder peso, les digo que ese es el primer paso del programa). Pero era al final de un día de mucho trabajo y me encontraba bastante cansada, así que después de decir hola, dije “vamos a coger el ascensor” y los dos nos montamos.

Cuando llevábamos tres cuartas partes del camino, él, muy bajito, me dijo: “Siento pánico en los ascensores”. Bueno, nosotros casi habíamos llegado, así que pedí disculpas y continuamos hasta el tercer piso, mientras él parecía bastante descompuesto.

Una vez sentados en mi despacho, le dije: “¿Qué tal si hacemos algo para corregir ese tema del ascensor? y él me dijo que estaba de acuerdo. Así que sin darle muchas explicaciones, me puse a hacerle tapping hasta que la intensidad del malestar (de 0 a 10) era 1 ó 0. Le pedí que se visualizara a sí mismo, montado en un ascensor y la intensidad se mantuvo baja. Le pregunté si quería que volviéramos a intentar montarnos en el ascensor de nuevo y él dijo “Sí”.

Así que nos fuimos otra vez al ascensor y empezamos a subir y bajar, mientras su nivel permanecía en 0. De hecho, él se lo estaba pasando tan bien, que me preguntó si él, por sí solo, podía utilizar el ascensor.

Después volvimos a mi oficina y nos presentamos el uno al otro, de una forma más distendida. Nos pusimos a trabajar en alguno de sus temas y le enseñé más sobre tapping y cómo utilizarlo él mismo.

Al final de la sesión, me preguntó si no habría ningún problema en que él, solo, utilizara el ascensor para bajar. Y así lo hizo.

¡Qué bueno!!
Joan

PD: Gary, este ejemplo es del libro que estoy escribiendo; ¡si no fuese por el tapping, nunca hubiera superado la idea que no tenía nada que decir, o que alguien más, seguramente, podría contarlo mejor!

Joan Hitlin, MFA, CCHT

Traducido por María Jesús García

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