La Receta básica de EFT puede con fobias a las escaleras, a volar y a los gatos - AHEFT

Este artículo es para Principiantes de EFT que ponen en duda el potencial que tiene esta técnica, simplemente aplicando la Receta Básica al tipo de miedos fóbicos que suponen una limitación para la vida de muchas personas. Andre Fillion de Canadá aplica la Receta Básica a fobias de tres casos diferentes y comenta aquí los sorprendentes resultados Por favor, observa que algunas fobias son tan complejas que requieren un EFT más sofisticado que la Receta Básica. Sin embargo, como verás, La Receta es bastante adaptable y a menudo funciona donde nada ha podido.

De André Fillion

Estimado Gary,

No soy, de ningún modo, un experto en EFT, simplemente un practicante que conoce la Receta Básica. Aun cuando mi técnica sobre EFT es muy limitada, he podido ayudar a varias personas con temas de fobias, consiguiendo unos magníficos resultados. Tuve la intención de colgarlo en la Web de EFT hace un par de meses, pero preferí asegurarme de que el tratamiento “había funcionado” antes de enviarlo. Y HA FUNCIONADO.

He utilizado EFT en mi trabajo como asesor hipotecario “para desbloquear” temas emocionales que me impedían ser efectivo y desde entonces, mis ventas y productividad han aumentado en más de un 200%. He ayudado a amigos a superar fobias difíciles, como por ejemplo, a las alturas, a volar, a las serpientes, arañas, gatos y escaleras. Se tarda en erradicar estas fobias, segundos (o minutos), según sea de difícil el tema.

Miedo a las escaleras: Cuando estaba yo aprendiendo la técnica, practicaba con mi pareja y conmigo mismo. Mi compañero estaba muy sorprendido ante este tema del tapping un tanto “ridiculo”. Era el típico negativista. Ya sabes, es ingeniero y si algo no tiene explicación científica, (casi) no lo dará por válido.

Así que le puse a prueba. El no tiene miedo a nada. Bueno, a una cosa, nunca ha podido pasar del segundo o tercer peldaño de una escalera de mano –nunca- sin sentirse mareado y con nauseas. Así que con gran indignación, lo justo para comprobarlo, coloqué nuestra escalera extensible apoyada en la fachada de la casa (previamente era yo la única persona que la utilizaba), señalé hacia ella y dije “Bien, súbete”. Me miró como si estuviera loco –y un poco cruel- hasta que hice tapping para él y en dos minutos, él estaba mirando por la ventana de nuestro dormitorio que está en el segundo piso. Estaba completamente sorprendido. De eso hace ya dos años y su eterno miedo a las alturas ha desaparecido. Y ya no he vuelto a tener que limpiar las ventanas.

Miedo a volar: A la de dos días de lo de la escalera, mi compañero tuvo que coger un avión de Ottawa a Toronto (a una hora aproximadamente). El ha volado durante toda la vida sin miedo, pero nunca en un avión de 20 plazas de hélice.

Cuando estaba ya sentado en la parte delantera del avión, empezó a sentirse mareado y con náuseas porque desde su asiento veía a través de la ventanilla de la cabina, cómo otros aviones “tambaleantes” despegaban. Decidió bajarse del avión pero era demasiado tarde, porque ya había empezado a deslizarse por la pista. Agarró la bolsita que habilitan en caso de tener que vomitar y comenzó a acordarse de EFT

No había prestado atención cuando yo hice esa “tontería” del tapping, así que él lo hizo en los puntos que recordaba. Iba sentado justo al lado del presidente de su compañía que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero a Will ni le preocupaba si le producía agobio, histeria, miedo o tapping. Para cuando él hubo acabado dos sesiones de lo que recordaba, se había calmado y relajado y de hecho empezó a disfrutar mirando hacia la cabina. Tuvo un buen vuelo y en el vuelo de vuelta, no necesitó hacer más tapping, ni ha vuelto a tener ningún problema desde entonces.

Bien, o sea se trata de dos ejemplos con una misma persona, dame algún otro caso:

Miedo a los gatos: Vinieron unos amigos a cenar a casa hace ya unos meses y uno de ellos vino con una persona a la que no conocíamos. Llegaron, se acomodaron en la sala mientras yo estaba sirviendo el vino en la habitación de al lado cuando oí un grito (creí que era de mujer), y después un portazo. Al parecer, uno de mis gatos había entrado en la habitación y la persona que estaba con mi amigo, sintió pánico, gritando y cerrando la puerta. Parece ser que tenía una fobia muy fuerte a los gatos y que no podía estar dentro de la casa con ninguno, ni por supuesto, menos, en la misma habitación.

Salí afuera y el chico estaba temblando con lágrimas en los ojos. Claramente, se sentía avergonzado y me pidió que entrara en la casa a recoger su abrigo porque no podía soportar estar dentro.

Me senté en la escalera con él y estuvimos comentando durante un par de minutos sobre su fobia, y simplemente el hecho de hablar de ello, le daba miedo. Le pregunté si le apetecía intentar “esa extraña técnica del tapping”, asegurándole que cualquiera que fuese el resultado, nadie iba a forzarle a enfrentarse a su miedo y si no funcionase no le haría ningún daño y yo, tranquilamente, entraría en la casa a recoger su abrigo.

Estuvo de acuerdo, así que le hice la Receta Básica y empezó a sentirse mejor (la intensidad bajó de un 9 a un 4), así que hice otra ronda y su miedo estaba prácticamente eliminado (hasta un uno). Le llevé afuera, al césped y le pedí que mirase a través de la ventana del comedor, a otro de mis gatos (esta gata siempre está dormida sobre una de las sillas) y me dijo cómo se sentía. Miró a la gata y él mismo estaba sorprendido de que no hubiera sentido ansiedad (anteriormente no era capaz ni de ver un gato en la televisión. Los anuncios de comida de gatos le hacían salir de la habitación).

Le pregunté qué le parecía si yo golpeaba en la ventana para atraer la atención del gato, pero le advertí que al hacerlo, el gato vendría a la ventana a ver qué pasaba. Me dijo que vale, así que golpeé y la gata vino. Él no se movió. La gata saltó al vierteaguas y él seguía sin moverse. Después le pregunté a ver si quería poner su mano en la ventana, advirtiéndole de que la gata intentaría husmear su mano a través del cristal (ella no es demasiado vivaracha). Prudentemente, “tocó” al gato a través del cristal y no sintió ansiedad –bien, estaba en un 2. Así que le hice otra vez tapping para bajar a cero, mientras continuaba “tocando” a la gata.

Después, le pregunté si se encontraba con ganas de mirar al gato directamente, sin tener el cristal de la ventana. (Por cierto, para entonces, mi pareja, sabiendo lo que estaba haciendo, había llevado a todos los invitados a la parte trasera del jardín para que el nuevo invitado no se diera cuenta). Dijo que estaba preparado para intentarlo, así que volvimos dentro de la casa. En el pasillo, le pregunté cómo se encontraba y me contestó que estaban en un 3 ó 4, así que le hice tapping para bajar a cero (era una persona fácil).

Le pedí que me comentara a ver si en algún momento había sentido la mínima pizca de ansiedad y le aseguré que podríamos volver a salir fuera en cualquier momento (de hecho, dejé la puerta principal abierta, para que tuviera una salida rápida por si fuera necesario). Poco a poco, entramos en la sala y allí echado en su cesto estaba nuestro gato, Simon, quien tan solo hace ocho o diez minutos, le había hecho huir de la casa. Le miró al gato y el gato le miraba a él y él después me miró a mi y dijo, “me siento como diciendo, “y qué, es un gato y no me lo puedo creer”.

Después le pregunté si quería acercarse (le recordé que la puerta principal estaba todavía abierta), y en eso, se acercó al cesto y se arrodilló. Le pregunté qué intensidad tenía y dijo “Quizás un uno”. Dije ¿Quieres que lo reduzcamos con el tapping? Me dijo que se encontraba bien y que quería tocar al gato, estiró la mano y atusó a Simón en su lomo. Simon inmediatamente se dio la vuelta, que siempre lo hace para que le rascara la tripita. Nuestro nuevo amigo reaccionó, rascando la tripita de Simon. Era francamente maravilloso verles a ambos tan felices y contentos.

Seguido, le pregunté a ver si quería coger a Simon y enseguida dijo que sí. Cogí a Simon para enseñarle cómo se agarra a un gato y él prácticamente me lo quitó de los brazos y empezó a acariciarle y arrullarle al mismísimo “bicho” que 10 minutos antes le había hecho saltar de miedo.

Ya entonces, le dije que si ponía su nariz, Simon le besaría. Sin dudarlo, le puso la nariz cerca y Simon se la lamía. Nuestro nuevo amigo sonreía con sus ojos llenos de lágrimas, mirándome con asombro se sentía tan agradecido de que le hubiera ayudado a eliminar esa fobia que tanto sinsabor le había causado toda su vida.

Todavía con Simón en brazos, salió fuera a reunirse con el resto de invitados y emocionado les contó lo que había sucedido hacía 15 minutos. Ya no se sentía avergonzado, su fobia había desaparecido y estaba tranquilo.

Después de la cena, se sentó en la sala para tomar el café con Simon a su lado y otro de mis gatos, estaba tumbado en el respaldo de la silla, justo encima de su cabeza.

Epílogo

Después de aquella tarde, nos hicimos muy amigos y le di una copia de los DVD de Gary y ahora él habla de EFT a todo el que esté dispuesto a escucharle. Incluso ha llevado a cabo una especie de “seminario” informal en su oficina y ha facilitado copias ilegales a sus compañeros, dándose cuenta que la empresa está más tranquila.

Por cierto, me llamó a la de dos semanas de la cena para pedirme que fuera con él a un sitio de recogida de animales porque quería conseguir un gato. De esto hace ya 3 meses y ahora tiene ya 3 gatos que duermen en su cama: uno a su lado, otro a sus pies y el otro sobre la almohada, encima de su cabeza. Totalmente sorprendente.

No se puede negar que EFT funciona. Cómo lo hace, es lo de menos, lo importante es que funciona.

André Fillion

Traducido por María Jesús García

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