EFT ayuda con el temor a las alturas en las Montañas de la Sierra en California - AHEFT

Hola a todos,

Aquí tienen un caso gracioso e intuitivo por Anna Lee Álvarez quien nos relata como ayudó a un joven con su miedo a las alturas. Observen como ella logra y mantiene comunicación con el joven. Esto es muy importante cuando aplicamos EFT a los jóvenes.
Mi profesión es acupunturista, pero he enseñado EFT con mucho éxito a muchos de mis clientes. Tomé un sabático este verano para poder gozar el senderismo. En mi caminata por las montañas de John Muir en las Altas Sierras de California, me encontré con unos alpinistas con fuertes temores a las alturas, especialmente donde había caídas profundas en la orilla de la vereda. En esta vereda en particular hay muchas de estas caídas al lado, algunas con ríos de corrientes fuertes, algunas en las subidas y otras en las bajadas de las montañas con alturas entre 11,000 a 13,000 pies de altura.

Aunque estaba tomando vacaciones de ayudar a mis clientes, viendo como algunas personas estaban sufriendo sin necesidad por sus temores, me vi inclinada con el deseo de ayudarles. Muchos de estos, sin embargo, venían de prisa bajando de precipicios altos para escapar sus temores y así que no les brindé mi asistencia.

Sin embargo, mientras iba subiendo las caminos bastantes inclinados que descendían a la cumbre final de la Montaña Whitney, (más de 14,400 pies de altura), observé a un joven con su padre muy cuidadosamente subiendo detrás de mí. Al principio creí que quizás uno de ellos tenía problemas de vista y el otro le estaba asistiendo en la subida. Pero cuando por fin llegaron a la cima del camino donde las ultimas 1.9 millas de la vereda que llevan a la cumbre comienza, observé que se habían reunido con sus amistades, padres e hijos, y concluí que todos podían ver muy bien. El grupo parecía que estaba atorado, no era cuestión de descanso, y fue cuando decidí acercarme.

Pronto me di cuenta que no habían podido continuar su subida debido a los extremos temores de un joven. Le ofrecí al joven “aprender una técnica en cinco minutos que le podría ayudar.” Estuvo de acuerdo en aprender, y le sugerí al grupo entero que lo hicieran con él ya que eso aumentaría el efecto y resonaría con todos ya que todos tenemos algún temor a las alturas por mínimo que sea.

Todos expresaron entusiasmo a esta sugerencia, y le pedí a cada uno que dijera en voz alta su propio nivel de temor a las alturas usando la escala de 1 a 10 para poder empezar la sesión. Los números variaron entre 2 y 8, y el joven dijo 8. Creo su número verdadero era un 10 en ese momento, pero para no ser apenado frente el grupo, ¡él no quiso expresarlo!

Yo razoné que si todos hacíamos tapping juntos, el joven no se sentiría que él era el único diferente, y también él se daría cuenta que mucha gente tiene algo de este temor. También pensé que si todos aprendían la técnica, entonces el grupo podría asistir con EFT más adelante con el uso de la memoria del grupo.

Hicimos tapping sencillamente sobre el temor de alturas con una ronda sencilla, “Aunque tengo este temor a las alturas, yo escojo amarme y apreciarme completamente y profundamente.” Después les pedí que tomaran unas cuantas respiraciones profundas. Todos los números bajaron, y el del joven en cuestión había bajado a un 5. El estaba estremeciéndose incontrolablemente y le dije que su estremecer era como su cuerpo estaba despidiendo el temor y que era bueno que se estremeciera todo lo que quería.

¡Después de unos minutos de hablar sobre la técnica de EFT y como había escuchado a Gary hablarle a un señor en el otro extremo de los Estados Unidos sobre su temor a las alturas, nos reímos de cómo ese señor llegó a ser paracaidista! Les ofrecí hacer unas cuantas rondas más, pero el joven estaba demasiado cohibido para continuar.

Después hablamos por un rato de cómo los temores nos limitan hacer muchas cosas maravillosas. Cada uno de los jóvenes compartió cuentos de personas que conocían que tenían miedo de uno u otra cosa y aunque no tenía mucho sentido el temor, esto dominaba en sus vidas.

El joven todavía no estaba seguro si podía continuar con la caminata ya que le habían dicho que habían unas partes bastantes delicadas por el camino con unos precipicios profundos. Cuando su padre estaba por darse por vencido y empezar la cuesta baja, el joven de repente se llenó de ánimo y declaró que estaba listo para intentar la subida. Se fueron y yo me quedé a esperar unas amistades mías antes de continuar. De aquí a cuando llegué a la tercia parte de la subida, el grupo ya venia bajando. Todos muy sonrientes y felices de haber hecho el senderismo. Cuando el joven y su padre se me acercaron, el joven gritó, “¡Gracias, gracias! ¡Lo hice y ni siquiera tuve miedo!” La mirada de alivio en el rostro del padre hablaba por volúmenes.

Anna Lee Álvarez

Traducido por MMc

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