Llegando a los eventos específicos para resolver una fobia a las alturas - AHEFT

¡Hola todo el mundo!

Rob Nelson se hace cargo de dos fobias a las alturas en un viaje de campismo. La primera fue fácil mientras que la segunda, requirió algo de trabajo detectivesco.
Por Rob Nelson

Querido Gary,

Hace poco que mi hija tomó cuatro días de clases de ciencias naturales en el Parque Nacional de Yosemite. Al segundo día, fungí como cuidador de ocho niños. Teníamos que subir por una vereda empinada hacia la parte alta de las Cascadas Yosemite, pero una pequeña niña, “Anna”, de nueve años, realmente iba deteniendo al grupo. Continuamente repetía que “odiaba las alturas” y que quería bajar de regreso de inmediato; podía caminar sólo muy lentamente, y sólo si la maestra tomaba su mano.

Cuando hicimos un alto para descansar pude ver que la maestra estaba frustrada y perdida, así que le pregunté a la niña si me ayudaría a deshacerme de su miedo. Le conté que ese era mi trabajo en casa y que era muy sencillo, y que no le lastimaría en absoluto.

Después de pensarlo un poco, aceptó, y la puse a hacer tapping en su punto de karate con la frase: Aunque tengo este miedo a las alturas, soy una niña magnífica. Hicimos tapping en la combinación breve de puntos con “este miedo a las alturas”, pero a medio trabajo, otro pequeño niño gritó “¿alguien quiere mi manzana?”, distrayendo completamente a Anna. Tuve que pedirle nuevamente su atención para terminar incluso esa primera ronda de tapping. Sin embargo, cuando le pregunté por su miedo, con voz clara y convencida dijo: “Se fue”. ¡Y así fue! No más problemas escalando.

El otro cuidador estaba muy emocionado con este éxito. Me preguntó si EFT sólo trabajaba en niños; me hizo reír puesto que rara vez trabajo con niños en mi consulta. Me dijo que su esposa, “Jane”, tenía una fobia severa a las alturas y estuve de acuerdo en trabajar con ella de regreso en el campamento a la mañana siguiente.

Cuando le pedí a Jane que simplemente pensara en las alturas de manera general, reportó que el nivel de intensidad de su ansiedad era un 8 de 10. Una ronda de tapping sobre “este miedo a las alturas” usando la combinación breve de puntos (más la muñeca y la coronilla) sólo lo bajaron a un 7; no mucha mejoría. Agregué la rutina de los 9 puntos, pero sin lograr cambio significativo alguno.

Le pregunté cómo sabía que era un 7, y me dijo que había una sensación de pesadez en su corazón. Así que empezamos a hacer tapping en “esta sensación de pesadez en mi corazón” usando la receta básica, la muñeca y la coronilla; después de seis o siete rondas lo bajamos a cero. ¡Tomó algo de persistencia!

Después de eso, le pregunté por situaciones específicas amenazantes que le hubieran causado miedo en el pasado: subir a lo alto de una escalera para entrar a su ático fue una de las mayores. Especialmente, la sensación de que pudiera caer de espaldas. Empezó nuevamente en un 7, pero esta vez sólo tomó tres rondas que incluyeron: “esta sensación de caerme de espaldas”.

El siguiente recuerdo se refirió a un juego de feria con su hijo. Aunque el juego “sólo” tenía unos cinco metros de altura (15 pies), y ella confiaba lo suficiente como para subir a su hijo, había estado llorando todo el tiempo y muy avergonzada de su miedo. La hice hacer tapping en su punto de karate y decir:

Aunque estaba asustada de este bobo e infantil juego…

En este punto empezó a reír. Rió y rió cada vez más fuerte hasta que las lágrimas rodaron por sus mejillas. Su marido me veía con asombro. Estoy acostumbrado a suspiros y bostezos, pero esta fue una grandísima liberación de energía. Nunca pasamos de la afirmación, porque ella dijo que toda la ansiedad se había ido.

Le pedí que visualizara vívidamente varios escenarios de estar a la orilla de un acantilado, en la parte alta de una escalera tambaleante, etc. Dijo que podría ser hasta un “2”, así que hicimos una ronda más de tapping general. Por suerte, había una gran roca justo al lado del campamento; la hice trepar a la parte más alta y pararse en la orilla, a un poco más de tres metros (10 pies) sobre el piso.

Ninguna ansiedad; le pedí a su esposo que la sostuviera del abrigo mientras ella ponía el pie justo en la orilla y cerraba los ojos. La hice imaginar que estaba en la orilla de un precipicio; ninguna ansiedad. Nos había tomado alrededor de una hora –esta vez no fue un milagro al minuto, pero lo consideramos un éxito.

Esa tarde su esposo se me acercó diciendo que tenía “evidencia fotográfica” en su cámara digital. Las imágenes mostraban a Jane subiendo por la muy escarpada y difícil brecha hacia las Cataratas Vernal, y luego parada a un pie de la caída vertical (seguía usando la precaución normal). Estaba eufórico, pero no fue sino hasta el día siguiente, cuando yo mismo subí esa vereda, que me di cuenta qué tanto éxito habíamos tenido. ¡Tengo que decir que éramos tres alegres campistas!

Rob Nelson

Traducido por Sandra Figueroa Sosa

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