Fobia a las cucarachas - AHEFT

En este artículo Gisel Sotelo nos cuenta desde el punto de vista del consultante su experiencia de superar una fobia con EFT. Viendo el trabajo desde su perspectiva, parece que me faltó suavidad, al menos al inicio. Aprenderé a no subestimar la intensidad que puede tener una fobia.

Por Gisel Sotelo

Hoy les compartiré mi propia experiencia en uno de los talleres de EFT que condujo el año pasado en Hermosillo David MacKay. Como muchos de ustedes saben, la mejor manera de aprender es viendo cómo se manejan los casos reales, en vivo con EFT, por lo que David en todos sus talleres, le pide a los participantes pasar al frente para una demostración. En mi caso, estábamos en el nivel II y ya habíamos visto algunas demostraciones, así que David preguntó si alguien quería trabajar con una fobia. Levanté con miedo la mano, pues siendo psicóloga sabía que me tendría que enfrentar a lo que temía, pero ésta era mi única oportunidad.

Desde pequeña he tenido fobia a las cucarachas, reforzada siempre por toda mi familia y amigos. No, no era miedo, no era asco, era una fobia total con todo el kit incluido: sólo de pensar en una, podía sentir hormigueo en mis extremidades, ganas de correr, pavor, sudoración en frente y manos, dolor de estómago, entre otros síntomas. Si aparecía alguna en mi casa, corría lo más lejos que podía y le pedía a alguien que me ayudara a matarla. Si estaba sola, mi ansiedad crecía hasta el punto de llorar del miedo y la desesperación (sé que se oye exagerado, pero eso es lo que hacía).

Todo esto le conté a David cuando pasé al frente, a lo que él me pidió que imaginara una cucaracha en mi mano… ¡sólo de imaginarla en el cuarto me hacia sudar! Pero seguí las instrucciones e inmediatamente mi nivel de ansiedad se disparó a 10, con todos los síntomas antes mencionados. David me guiaba a hacer el tapping en los puntos:

A pesar de este dolor de estómago sólo de imaginarme a la cucaracha, yo me acepto profunda y completamente…
A pesar de que tengo ganas de salir corriendo al imaginarme a esta cucaracha, yo me acepto profunda y completamente…
Me duele el estómago de pensar en esta cucaracha en mi mano…
Quiero salir corriendo sólo de imaginármela…
Mis piernas hormiguean al imaginarme la cucaracha en mi mano…

Hicimos varias rondas haciendo referencia a mis síntomas y la intensidad bajó un poquitito. David me preguntó cuando había sido la primera vez que recordaba haber sentido ese miedo, y yo le conté el caso: cuando tenía 3 años me estaba bañando y me salió una de la coladera, me asusté y salí corriendo del baño, el cual quedaba al final de un largo pasillo. La cucaracha salió corriendo tras de mí (¡lo recuerdo como si fuera ayer!) y yo corría muerta del miedo ¡pensando que me iba a atrapar! ¡Quería hacerme algo! Mis compañeros (y probablemente ustedes también) morían de la risa de escuchar mi historia, pero yo estaba otra vez ahí, con tres años y ¡corriendo por mi vida! Regresaron todos mis síntomas, por lo que hicimos rondas así:

A pesar de que cuando tenía tres años me persiguió esta maldita cucaracha, yo me acepto.
A pesar de que la cucaracha me quería matar, yo me acepto profunda y completamente.
A pesar de que me perseguía una cucaracha con negras intenciones, yo me acepto profundamente.
Esta maldita cucaracha…
Me quería matar…
Yo tenía que correr por mi vida…
Esta cucaracha asesina…
Me persigue con negras intenciones…
Va a llamar a todas sus amigas para amotinarse contra mí…
Quieren hacer un complot contra mí…
Me quieren hacer daño…

Ya se imaginarán que todos morían de la risa, ¡menos yo! Estuvimos haciendo algunas rondas con estas frases y el nivel de intensidad bajó bastante. David preguntó qué sentía en mi cuerpo, pues ya no tenía muchos síntomas, sólo quedaba algo así como un nudo en mi garganta. Ahí fue cuando no pude más y solté el llanto, diciendo que cuando me salía una y yo estaba sola, sentía mucha desesperación y tristeza por estar sola y no tener ayuda de nadie y tener que enfrentarla y matarla… por lo cual volvimos a hacer rondas que decían algo así como:

A pesar de sentirme sola cuando aparece una cucaracha en mi casa, yo me acepto.
Aunque siento tristeza y desesperación al tener que enfrentarme a ella yo sola, me acepto.
Aunque nadie me ayuda a matar esta cucaracha, y eso me hace llorar, yo me acepto.
Estoy sola con esta cucaracha…
Nadie me ayuda a matarla…
Tengo que enfrentarme a ella yo sola…
Me da mucho miedo y desesperación…
Esta cucaracha que me quiere hacer daño…
Tengo que enfrentarme a ella yo sola…
¿Realmente me quiere atacar?
Tal vez ella esté más asustada que yo…
Tal vez pueda perdonarla…
Tal vez sólo esté buscando algo que comer…

Así seguimos varias rondas mas hasta que desapareció el nudo en la garganta y mi nivel de ansiedad había bajado a 1, más o menos. En eso me pregunta David, si hubiera una cucaracha en el cuarto, ¿como me sentiría? A lo que respondí que no estaba segura, pero de imaginármela no sentía tanta ansiedad. Me dijo: “Hay una atrás de ti”, lo cual sinceramente pensé que era una broma, pero ¡uno de mis compañeros había salido del cuarto a encontrar una! Estaba medio atarantada, pero viva, la pusieron a un metro de mí, más o menos. Yo sólo de verla, ¡grité y subí los pies en mi silla, aumentando mi ansiedad a diez otra vez!

Estuvimos haciendo rondas parecidas a las que mencioné anteriormente, hasta que mi ansiedad bajó lo suficiente como para bajar los pies de la silla y pararme cerca del insecto (que por cierto estaba más muerto que vivo). David me preguntó que qué me parecía si la pisaba, yo le dije que no pues tenía puestos unos huaraches (¿qué tal si revivía y me atacaba???). Volvimos a hacer rondas y más rondas, hasta que bajó mi ansiedad. Me acerqué un poquito más, hice más rondas, me acerqué otro poquito, hice más rondas… (la cucaracha asesina, me quiere atacar, llamará a sus amigas, se vengarán de mí…), hasta que por fin ¡mi nivel de ansiedad bajó lo suficiente para pisarla! Lo cual trajo un gran aplauso y gritos de mis compañeros (¡aunque no sé si fue por mi éxito o porque al fin habíamos terminado!)

Yo me fui muy contenta y tranquila a mi casa, pensando qué pasaría la próxima vez que saliera una cucaracha en mi casa. La vida me probó muy pronto, pues al siguiente día le salió en el baño una a mi hijo. Lo que hice fue ir a verla para ver qué sentía, sentí un poco de asco. Después salí por la escoba al patio, entré al baño y la aplasté con la escoba. La saqué con el recogedor al patio y me metí a mi casa como si nada… ¡JAMAS había hecho eso!

Lo increíble no es poder matar cucarachas, para mí lo increíble es no sentir el terror, la angustia, la sensación de hormigueo por todo el cuerpo, el descontrol…

Hace unos días maté una con mi zapato… ¡Gracias David!!!

Gisel
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